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Quintanar de la Orden puede y debe reivindicar haber sido elevado a la gloria literaria por Cervantes

Artículo conmemorativo del IV Centenario sobre El Persiles y Sigismunda y Quintanar de la Orden en la obra de Cervantes.

06.10.2017

La Ventana de CLM en Castilla-La Mancha

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Quintanar de la Orden es, en apariencia, un pueblo sencillo, humilde, uno más de los pueblos de La Mancha; llano, sin relieve como su propia orografía, tierra de paso, cruce de caminos. No se envanece ni se engríe de su pasado, ni de su historia, ni de sus hidalgos. No se valora y se ufana como otros lugares. Le falta autoestima para darse a conocer. No tenemos orgullo de pertenencia. «La autoestima es el resultado de la forma en que interpretamos nuestra historia y proyectamos nuestro futuro» (Bieito Rubido, ABC, 29/03/15).

Pero Quintanar de la Orden es un pueblo señero y señor. En primer lugar por su propia historia. Segundo por sus hidalgos, en especial los Villaseñores. Tercero por las citas y referencias que a él se hacen en El Quijote. Cuarto por la singularidad de los pueblos que configuran su entorno y pertenecen a su partido judicial: La Puebla de Almoradiel, «El lugar de la Mancha»; Miguel Esteban, cuna de los hidalgos Villaseñores; y El Toboso, morada de la sin par Dulcinea.

En el IV Centenario de “Los Trabajos de Persiles y Sigismunda” (1517-2017), las instituciones y todas las asociaciones y colectivos culturales pueden y deben reivindicar a nuestra Muy Leal Villa de Quintanar de la Orden por haber sido elevada a la gloria literaria por Cervantes, alabando a sus gentes, ensalzando a sus hidalgos, a los que llama por sus nombres y apellidos hace protagonistas y partícipes de su obra póstuma.

Historia Septentrional que en su origen y culmen sitúa en Quintanar de la Orden, único pueblo, no ya de La Mancha, sino de España, que ha tenido el honor de que Cervantes le haga centro de la que él, (en dedicatoria al Conde de Lemos de la Segunda Parte de El Quijote), dice había de ser «...el mejor que en nuestra lengua se haya compuesto… de los de entretenimiento»), elevando a Quintanar a la gloria literaria, como el lugar más nombrado, conocido, querido y por él visitado, de toda La Mancha.

Pero como contrapunto a esta grandeza histórica y literaria de la que cualquier pueblo se sentiría orgulloso y estaría proclamado continuamente, Quintanar no reclama el preeminente lugar que tiene en la literatura cervantina mientras otros pueblos proclaman con énfasis, tener la venta donde llegó D. Quijote en su primera salida; alguno, que allí estuvo preso; otro que allí contrajo matrimonio; hasta una hermosa y populosa Villa, que no era Mancha, muy lejana a El Toboso, sin otro fundamento que la andadura de un rocín y un burro, dice ser «el lugar de la Mancha».

Ha llamado la atención de los eruditos y estudiosos de la obra cervantina, la especial mención que, de nuestro pueblo, se hace en sus obras. El esritor D. Ciriaco Morón Alonso (en el espacio «Tribuna», ABC, 23/ enero/2005), dice de Quintanar de la Orden, que “es el pueblo manchego más importante”. Ya en 1800, un ilustre político y escritor, Juan Antonio Pellicer, en su obra «Vida de Miguel de Cervantes», destaca el conocimiento que éste tenía de Quintanar, pueblo al que venía con cierta asiduidad a ver a una parienta suya, Dña. Mencía de Cervantes, casada con un quintanareño, D. Hernando de Carrión.

Son importantes las Menciones de Cervantes a Quintanar en su novela Don Quijote de La Mancha: Juan Haldudo, los perros Barcino y Butrón. Pero es en El Persiles y Sigismunda, su obra póstuma, en la que hace a Quintanar punto de partida y de retorno de un hidalgo Villaseñor, Antonio, que partió de su pueblo natal hace mucho años y a él regresa, con su esposa Ricla, y sus hijos Antonio «el bárbaro» y Constanza. Llega al atardecer y sin darle a conocer, ni ser reconocido, pregunta a su padre, Don Diego de Villaseñor»

Hay por ventura señor en este lugar hospital de peregrinos?». Y Cervantes, conocedor de Quintanar y de sus gentes, le hace responder con unas palabras que honran a esta villa y a sus vecinos: «Según es cristiana la gente que lo habita, todas las casas dél son hospital de peregrinos y cuando otra no hubiera, esta mía, según su capacidad, sirviera por todas...». «Por ventura señor -replicó Antonio-, ¿este lugar no se llama el Quintanar de la Orden y en él no vive un apellido de unos hidalgos que se llaman Villaseñores?»

Por eso, mi deseo y propósito con este artículo, es dar a conocer, divulgar, recordar lo que otros dijeron y añadir mis propios conocimientos y estudios. Y lo hago ut res avorum ne pereant (para que no desaparezcan las cosas, los recuerdos, las vivencias de nuestros antepasados). Que ésta mi voz silente, mi verdad, se escuche, se conozca, se amplíe por esta tierra llana. La Mancha no tiene monta- ñas que con su eco puedan hacerla resonar. Son todos ustedes, a quienes encomiendo la labor de darla a conocer.

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EL PERSILES DE LOS VILLASEÑOR

 Al hablar de los Villaseñores quiero dar las gracias a D. Eduardo Villaseñor, (documentos escaneados, etc.) y a D. Manuel Amores Torrijos, excelente escritor e infatigable investigador en los archivos de su pueblo natal Torrubia del Campo, histórico y diocesano de Cuenca, y de la Real Cancillería de Granada, que me ha facilitado copias del testamento de Dña. Aldonza y de sus hijos, Fernando y Diego de Villaseñor, expediente de hidalguía de D. Ginés de Villaseñor).

Las Relaciones de Felipe II, de 1575, referidas a Quintanar, redactadas por el hidalgo Andrés de Mingolla y D. Pablo Mota, de gran interés, nos dicen que esta villa tiene unos 594 vecinos, más dos moriscos que a ella se repartieron, y hay en ella 35 casas de hijosdalgo, 7 son de viudas, y las 28 restantes son los que va mencionando: Juan Manuel de Lodeña el viejo, hijodalgo notorio e su hidalguía la más antigua de este lugar; —se describe su ascendencia hasta su rebisabuelo-, «que también Villaseñor, porque lo fue su abuela, Dña. María de Villaseñor, hija del alcaide Juan de Villaseñor».

De este hidalgo se dice que tiene una capilla en la Iglesia, y en una tumba; en el arco de la capilla, por defuera, el escudo de los Ludeña; y sobre la tumba pintadas las armas de los Manueles y Lodeñas, Ayalas y Villa Mires. Otros hidalgos, además de los numerosos Lodeñas, o Ludeñas, son los Migolla, Cepeda, Álvarez de Ayala, Aguilera, Villaseñor (Luis y su sobrino Juan), Hernando de Carrión , Lara, Ordóñez, Contreras,  D. Hernando de Carrión, fue esposo de Doña Mencía de Cervantes: Sobre su apellido se dice que en la villa de CaCastañeda, Collado, Cogollos, Garay, y Ochoa.

Sus obras, Saelices, un rincón de España; Torrubia del Campo de la tierra de Uclés; Ecos callados de Cuenca; El pintor de Palacio, premio Ciudad de Valeria; Las llamas del Campo de San Francisco, novela histórica sobre D. Diego «de Burgos» Villaseñor, padre de Francisco y de Juan de Villaseñor, que pasaron a América años después.

Su único hijo y más antiguo conocido de este linaje es D. Fernando Alfonso de Villaseñor, —nacido en 1375, al que se hace referencia en las Relaciones de Felipe II, referidas a Quintanar y a uno de sus hidalgos, Luis de Villaseñor—. Don Fernando Alfonso, mariscal de campo y general contra los moros de Consuegra, se dice que estando en la batalla y yendo en el vencimiento se iba a poner la luna, e hizo oración a Dios para que detuviera el curso de la luna.

El Señor escuchó su oración y situó la luna entre las siete cabrillas, con lo que pudo alcanzar el vencimiento. Por este hecho de armas, el Rey Juan II de Castilla le otorgó el título de «Muy honrado caballero» y le nombró su Mayordomo Mayor. Contrajo matrimonio con Dña. Aldonza Gutiérrez de Tapia, natural y vecina de Miguel Esteban; tuvieron cinco hijos: Juan, Diego, Fernando, Alfonso y Catalina.

Como primicia documental e informativa existe un manuscrito donde aparece su descendencia, por línea directa de varón y primogenitura, árbol genealógico que corresponde al patronato de una Capellanía que fundó su madre, en testamento otorgado en 1415 ante el Notario de Quintanar D. Juan Muñoz. Estos hidalgos fueron Alcaides, durante el siglo XV, de las tres más importantes fortalezas del centro de la península: Juan, del castillo de Alarcón; Diego, del Alcázar de Segovia, fortaleza y residencia real; y Fernando, la del Castillo y fortaleza de Calatrava. Alfonso, contrajo matrimonio con Isabel Fernández que tenía parentesco con descendientes de D. Pedro Fernández Fuencalada, primer Maestre y fundador de la Orden de Santiago; y Catalina se casó en Quintanar con un hidalgo de esa localidad, Don Luis Gómez de Carrión.

La descendencia del tronco inicial (D. Fernando y Dña. Aldonza), por línea directa de varón y primogenitura, (desde finales del siglo XIV hasta finales del siglo XVII): Hijo. D. Juan Villaseñor Gutiérrez de Tapia Nieto. D. Esteban de Villaseñor y Mendoza Biznieto. D. Francisco de Villaseñor y Acuña Tataranieto. D. Juan de Villaseñor y Gómez de Figueroa 5ª generación. D. Juan de Villaseñor y Tapia 6ª generación. D. Pedro de Villaseñor y Acuña («Relac. de Puebla) 7ª generación. D. Juan de Villaseñor y Martínez Lodeña (En 1625 contrajo matrimonio en Quintanar con Dña. Petronila de Arias y Santoyo) 8º generación. D. Carlos de Villaseñor y Arias (Se casó con Dña. María Arias Santoyo).

Los caballeros de este apellido tenían su casa solariega en las montañas de León de donde en tiempos de la reconquista salieron muchos que hicieron hazañas memorables. Entre ellos Alfonso Fernández de Villaseñor, que sirvió al rey Enrique III en las guerras que tuvo. Este casó con Doña Elvira Osórez, hija de D. Fernando Osórez, maestre de Santiago. 

En Carrión de los Condes se juntaron cuatro hijosdalgo e supieron que en Toledo, siendo de moros, había una reina cristiana cautiva, los cuales concertaron de ir a Toledo a sacarla de cautiverio y ellos fueron a Toledo, fue Nuestro Señor servido que la sacaran de cautiverio y la llevaron a Carrión en una litera cubierta de luto, e por sus osadías en cosas tan señaladas, el Rey les dio para su escudo aquella litera negra e una reina dentro e cuatro onzas que la llevan, por ser tan bravas las onzas, trae las armas de lo Villaseñores con su escudo.

Ángel Sepúlveda Madero

Distinguido como "Gran Maestre" por el Centro Cervantino CXXI (Quintanar de la Orden)

 

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