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DCLM.ES · Castilla-La Mancha · La Ventana de CLM

Mitos y supersticiones de Castilla-La Mancha, relacionados con la muerte (I) / Marcel Félix de San Andrés Sánchez

25.10.2017

La Ventana de CLM en Castilla-La Mancha

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Ahora que nos acercamos a la importada e impostada Fiesta de Halloween, es importante poner en valor el rico folklore manchego relacionado con el mundo de ultratumba. Los personajes y leyendas son tan variados que nada tienen que envidiar a regiones españolas como Galicia o Asturias

En la tradición española, la muerte no es considerada el final sino el tránsito de una vida a otra, y este viaje siempre se nos anuncia. Unas veces es la propia muerte la que nos es comunicada, otras la de alguien próximo. Los avisos varían desde el canto de la lechuza o del búho, las campanas que suenan al mismo tiempo que el reloj, la exactitud al sacar el dinero para pagar, el aullido de los perros, un muerto cuyos ojos nos miran, un aparecido que nos entrega un cirio, un conocido al que vemos sin estar en el lugar, una voz que dice nuestro nombre, ver nuestro propio entierro o funeral... etc.

Quienes se ven a las puertas de la muerte se preparan para la migración y quienes aquí se quedan les equipan para el viaje y siguen ocupándose de ellos cuando ya se han ido. Los toques vespertinos de ánimas, las campanas petitorias, los osarios, la cercanía del cementerio a las iglesias hasta no hace mucho tiempo..., todo contribuía a hacer que la muerte fuera cercana y cotidiana, aunque no por ello menos temible.

En la preparación para el viaje se cree que hay que dejar solucionados todos los asuntos pendientes en este mundo y una vez iniciado el viaje, los familiares, amigos y vecinos tienen que prestar su apoyo por medio de misas y todo tipo de rezos. Si la muerte ha sido repentina hay que resolver cuanto de inacabado o mal hecho haya dejado el difunto. Se cree que los difuntos permanecen en un plano entre ambos mundos si algo no se ha hecho correctamente o queda pendiente, si han muerto de forma violenta, no han recibido sepultura, llevan como mortaja el hábito de un santo que le impide entrar en el infierno o aman demasiado a una persona para alejarse definitivamente de ella. A veces hay difuntos que no hacen el viaje porque otros difuntos los utilizan para enterarse de lo que les ocurre a los suyos.

También hay un contacto con las almas que ya han pasado al otro mundo, especialmente a través de pequeños servicios que éstas nos pueden prestar. Se halla muy extendida la creencia de que encomendándose a las ánimas benditas al acostarse harán que nos despertemos a la hora deseada. Así pues, no es de extrañar que esta cotidianeidad de la muerte haga que los difuntos tomen carta de naturaleza y su presencia entre los vivos sea una constante en nuestra cultura tradicional.

Desde los primeros tiempos del hombre en la Tierra, el respeto hacia la muerte llevó a nuestros antepasados a considerar que entrando en contacto con los restos de una persona fallecida se nos podían transmitir las habilidades que tuvo en vida. Esa es la razón de que perviviera hasta hace escaso tiempo la antropología ritual en muchos de nuestros pueblos. Hechiceros y curanderos empleaban restos de cadáveres para sus ungüentos y conjuros. Estos son algunos de los más conocidos:

– Antonio Baiot (procesado en 1744). Sepulturero de Campo de Criptana. Desenterraba los cadáveres y utilizaba muelas y calaveras completas en la elaboración de sus ungüentos.

– Juana Ruíz (procesada en 1541). Reconocida bruja daimieleña. Iba al cementerio a media noche, cubierta con una sábana blanca y se dedicaba a recoger huesos con los que hacía conjuros y ungüentos. Se la acusó de bailar desnuda para el diablo.

Hasta el siglo XVIII, era costumbre en algunos pueblos manchegos llevar a la casa del muerto a un niño enfermo para que cogiera la mano del difunto. Se creía que a medida que se iba corrompiendo el cadáver iba sanando el niño.

Estos son algunos de los topónimos relacionados con la muerte que hemos encontrado en La Mancha: solana de las Ánimas, loma de los Huesos y loma del Cementerio en Calzada de Calatrava; puerto de la Muerta en Viso del Marqués; cuesta de las Calaveras en Piedrabuena; la Sepultura y pozo de la Sepultura en Pedro Muñoz…

Veamos algunas de estas presencias que han pasado a formar parte de la mitología manchega.

Fantasmas y Aparecidos. El mundo de los fantasmas y aparecidos siempre ha estado muy presente en nuestra cultura. Nos resistimos a dejar marchar para siempre a nuestros difuntos. Las ánimas se ven y se sienten a nuestro alrededor, bien con la forma que tuvieron en vida, bien adoptando la de animales o elementos inanimados de la naturaleza, o como un aroma o una ráfaga de aire frío. Pedro Almodóvar recoge en varias de sus películas la cotidianidad de los aparecidos en Calzada de Calatrava y otros municipios cercanos.

Las apariciones de finaos a familiares es un mito tan arraigado en La Mancha que resulta imposible argumentar contra él. “En cada una de las familias de mi pueblo se contaban casos de muertos que se aparecían reclamando el cumplimiento de una promesa o la finalización de una tarea dejada a medias” (...) “Mi madre aseguraba que se le aparecía su abuelo y que le daba consejos para evitar el maltrato al que la sometía su madrastra”. Ambos testimonios corresponden a un informante de Villanueva de San Carlos.

Teodora F. recuerda que su madre se aparecía a sus hijos y jugaba con ellos: “Enriquito la perseguía con la bicicleta por el pasillo jugando al pilla-pilla… y Verónica hablaba con ella sentada en el sofá”. Teodora también recuerda que para acabar con las apariciones tuvo que ir andando desde Puertollano hasta El Villar y que en el camino nunca se sintió sola porque estuvo acompañada del espíritu de sus padres. Desde aquel día dejaron de aparecerse a los niños.

Ramona Sánchez afirma que “a mi prima Antonia, que vivía en Mestanza, se le aparecía un primo hermano para que pidiera a la familia que lo trasladaran a la tumba donde estaban sus padres porque en la suya se sentía muy solo”.

Pero no siempre se mostraban tan amables y a veces el “aparecido” empleaba la violencia contra la víctima o contra las cosas. A Francisca C. de Puertollano se le aparecía su abuelo y le daba fuertes pellizcos o le volcaba el cubo de fregar para obligarla a cumplir cierta promesa. También en Mestanza nos contaba Basilio Limón que “a su prima Luisa se le aparecía su abuela y le pegaba bofetadas y tirones del pelo para que cumpliera no sé qué promesa. Las apariciones cesaban una vez cumplida la promesa”.

Más trágico aun es lo que nos cuenta María del Carmen Usero: “La historia le ocurrió a mi madre y unas amigas cuando eran jóvenes, creo que fue en la aldea de Diógenes o Fontanosas donde fueron a vivir un tiempo mi madre y tías con mis abuelos, ya que mi abuelo tenia silicosis de la mina y le recomendaron aire puro, y qué mejor que el Valle de Alcudia para ello. Mi madre tenía una amiga que estaba casada y la madre de esta mujer murió en aquella época, el caso es que la chica siempre salía con moratones, mechones de pelo arrancados o heridas. Mi madre y sus amigas le preguntaban si la maltrataba su marido y ella decía que no, que era su madre fallecida que se le aparecía en casa y la atormentaba y agredía constantemente. Mi madre y sus amigas no se lo creían y les parecía más realista que le pegara el marido, y ella lo negaba. Para que se convencieran la chica les dijo un día que les dejaría la puerta entornada para que lo viesen ellas mismas, y asi fue..., pasaron un dia a ver si era real y tal como abrieron la puerta salieron corriendo despavoridas al ver una escena sobrecogedora, a la chica arrastrándose, tumbada boca arriba, todo el pasillo hacia la puerta de entrada a mucha velocidad, con la melena hacia arriba como si alguien la estuviera sujetando del pelo y arrastrándola, pero no había nadie haciéndolo... y la chica gritando de dolor y angustia. Se ve que era el espíritu de la madre que dejo algo pendiente antes de morir. La chica cumplió la promesa de su madre y se acabaron estos episodios”.

Torquemada, para distinguir entre fantasmas y apariciones o visiones, decía: “este nombre fantasma se deriva de fantasía, que es en el hombre una virtud... esta virtud obra de tal manera que hace en sí las cosas fingidas, imaginadas, como si las tuviese presentes, no siendo así la verdad. Decimos también que las cosas que vemos y se desaparecen luego son fantasmas, pareciéndonos que nos engañamos, y no las vimos, sino que se nos representaron en la fantasía... unas veces verdaderamente las vemos, y otras nos las pone la imaginación, o fantasía, de tal manera delante de los ojos que nos engañan, y no entendemos si es cosa que habemos visto, o imaginado solamente, y de aquí creo yo que vino llamar a unas visiones, que son las que realmente son vistas, y otras fantasmas, que son las fantaseadas o representadas en la fantasía”. Esta diferenciación, difícilmente podremos encontrarla en la cultura tradicional popular de la Península Ibérica, ya que la gente del pueblo utiliza estas denominaciones de forma pareja.

Los fantasmas y visiones suelen aparecerse por la noche, que es para los muertos, lo que se recuerda con frases como:

– Entre las doce y la una, anda la mala fortuna.

– De las nueve a las diez, deja la noche para quien es.

– Por no ver visiones, me acuesto a las oraciones.

– Andar de día, que la noche es mía.

– Allá va el diablo después del sol puesto.

La escritora Gloria Fuertes, en su poema ¿Quién llegó?, nos dejó estos versos: “Llegó tosiendo con asma. / ¿Quién llegó?/ El Fantasma”.

Hay muchas historias de fantasmas nocturnos en nuestros pueblos. Algunas siguen siendo consideradas como fenómenos paranormales, tal es el caso de lo que ocurre en la Casa de la Inquisición de Granátula, en la que se aparecen dos inquisidores a los huéspedes de este alojamiento rural, uno bueno que los arropa y otro malo que los incordia y asusta. En la misma casa aparece el fantasma de un niño que busca a sus padres, asesinados por la Inquisición. En la Casa de las Cadenas aparece el fantasma de su antiguo propietario, según la leyenda fue devorado por sus hijas a las que tenía encerradas en una cueva de la casa. En la Casa de las Tercias también se escuchan ruidos y se ven figuras espectrales. En el Palacio de los Torremejia se ven fantasmas de monjes y frailes. En un instituto de Puertollano se aparece el hijo del bedel, muerto de forma trágica. En Las Tiñosas es muy popular el fantasma que aparece en su “Fuente Agría”. Al parecer es una ciudadana de origen francés cuya tumba está cercana a la fuente. Iker Jiménez y su programa Cuarto Milenio se hicieron eco de este mito.

Sin embargo, otras leyendas tienen como protagonistas a personas vivas que, por alguna razón, han intentado hacerse pasar por aparecidos, o bien han sido confundidos con éstos a causa del miedo. He aquí algunos casos: en Fuencaliente y Alcázar de San Juan es el hijo del Corregidor quien se hace pasar por fantasma y muere a manos de su propio padre; en Valdepeñas eran los maridos quienes se hacían pasar por fantasmas para visitar burdeles y amantes, también sus mujeres se disfrazaban de fantasmas para seguirlos. En este municipio, un encuentro entre dos fantasmas ficticios terminó en tragedia.

En cuanto a leyendas con fantasmas como protagonistas también tenemos un amplio repertorio. A modo de listado improvisado podemos recordar los siguientes: el Fantasma de San Pedro (Ciudad Real), la Monja de Alcázar (Alcázar de San Juan), el Espíritu del Calatravo (Villarrubia de los Ojos), los Cuatro en Palacio y la Maldición de Doña Justa (Guadalmez), el Espíritu del Cura (Horcajo de los Montes), el Fantasma de Nuño Fuentes (Castillo-Convento de Calatrava la Nueva).

Carlos Villar Esparza aporta interesantes testimonios sobre fantasmas en su libro Con Once Orejas: en Villanueva de los Infantes “vestido de blanco, sólo se apreciaba largo manto, ojos y los brazos abiertos”, “Era un hombre que por las noches, para ir a visitar a alguna mujer que deseaba, se ponía una sábana por los pies y otra por la cabeza”. En Torre de Juan Abad e Hinojosas de Calatrava se recoge que: “en llegando la Cuaresma, ya casi agonizando el mes de febrero, empezaban a salir las ‘pantasmas’, casi siempre por promesas a las ánimas, que se cumplían siempre de una forma totalmente anónima”. Todos los Viernes de Cuaresma aparecían las ‘pantasmas’. Iba vestida de negro con una especie de túnica o sayal que le llegaba hasta los pies. Y para agrandar su estatura y darle a su figura un aspecto entre insólito y terrorífico, sobre sus hombros y cintura llevaba atado con lo que fuera, cuerdas o correa, un armazón de listones de madera y varillas de hierro, todo ello cubierto con sábanas blancas y una cruz pintada en ellas… el aspecto era aterrador”. Es evidente que se trata, en este caso, de un ritual expiatorio.

Se sospechaba de las “pantasmas” de Albaladejo que “eran los lacayos enfantasmados de amos de casas de posibles, que despejaban los caminos asustando a los vecinos, para que ellos pudieran consumar sus amoríos encubiertos”. En muchos de nuestros pueblos se tenía la creencia que quien ejercía de fantasma, normalmente un varón, y no cumplía la totalidad de la promesa sería visitado por las ánimas enfurecidas para atormentarlo con toda clase de experiencias paranormales.

– Leyenda de Torrovilla (Almagro-Bolaños de Calatrava). En Torrovilla hay un camino de época romana que comunica con la sierra del Pardillo. En este camino se dice que se han visto extraños monjes. Por este motivo es conocido con el nombre del Carril del Fraile. Este camino finaliza en el sendero Flor de Rivera y se dice que, antes de enlazar con dicho sendero, existía un monasterio en ruinas, el convento Jesuita del Pardillo. A esta leyenda se le ha atribuido carácter legendario aunque, en realidad, es un hecho verídico pues es cierto que existió el citado monasterio, solo que, con el paso del tiempo, la tradición popular la ha convertido en una historia fantástica.

– El Espíritu del Cura (Horcajo de los Montes). A principios del siglo pasado, en una casa de las más viejas de Horcajo vivió un canónigo (cura). Ya era el hombre muy viejo y murió en su cama. Pasaron muchos años hasta que vivió otra familia en ella. La casa conservaba algunos muebles y objetos, entre ellos un cuadro que representaba un paisaje de una ciudad donde destacaba la torre de la iglesia, y un reloj. Los nuevos inquilinos contaban que cuando el reloj daba las doce de la  noche, se oían ruidos en la cámara, y que era el alma del cura que andaba en la casa después de tantos años.

Procesiones de Muertos. Si en nuestras tradiciones hay numerosos relatos de apariciones y de fantasmas, aún son más en las que éstos forman sombríos cortejos. Según Aurelio de Llano, “la Mala Güeste” fue desde tiempos remotos una creencia común en toda España y definía a un ejército o procesión de demonios. Más tarde pasó a significar procesión de almas en pena.

Por su parte, Lisón Tolosana describe así el origen y la evolución de estos desfiles: “Comienza entre los germanos, en el siglo X, con Tîwaz primero y Wotan después. Éste, dios de los muertos, les dirige hacia el otro mundo en un viaje nocturno, menester en el que será sustituido por Odín, que acabará por protagonizar la cacería salvaje. Cristianizado, se le convertirá en el diablo, que guía las almas al infierno. Después se añadirá Diana, que es la encargada de dirigir a las brujas y a otras mujeres engañadas por el demonio”.

En el siglo XIII, Gonzalo de Berceo utiliza el término Guest Antigua, empleado también por el autor del Poema de Fernán González y será a principios del siglo XVI cuando se utilice la palabra Estantigua. Desde que a mediados del siglo XIII comienza a tomar cuerpo al concepto de Purgatorio, han sido varias las denominaciones utilizadas para las procesiones de ánimas, muchas de ellas subsisten aún hoy en día, pero no todas tienen el mismo significado. Así, tanto la Estantigua como la Estadea se refieren a una procesión de muertos de carácter violento, que portan cirios y flotan sobre el suelo, que se llevan a cuantos encuentran en su camino y los depositan magullados y con las ropas destrozadas a gran distancia. Dice Lisón que “la Estantigua venía a atemorizar... venían en grupo... tocando con una campanilla... Las personas al verla se apartaban y cuando a uno no le daba tiempo, lo arrastraban y lo llevaban por encima de árboles y por los montes. Le temían mucho a eso... La Estantigua anda a trastazos con los que encuentra en su camino”.

Güéstiga, Buena gente, Ronda, Recua... Son otros de los nombres con los que se conocen estas procesiones en toda España. Si alguien se encuentra con ellas tiene que tirarse al suelo formando una cruz con el cuerpo, no coger el cirio que le dan, hacer un círculo y meterse en su interior... Y, sobre todo, no mirarles pasar. En caso contrario pueden llevarte con ellas o golpearte al pasar a tu lado mientras exclaman “andad de día, que la noche es mía”. Y si alguien ha cogido la vela o el cirio, es posible que al día siguiente advierta con espanto que lo que le habían dado era un hueso o el brazo de un muerto.

En Torre de Juan Abad, de la noche de difuntos, algunos cuentan que al pasar por el cementerio vieron estantiguas agarradas a las rejas de las puertas, increpando a todos aquellos que pasaban de la obligación de cumplir las promesas y el respeto que debían a sus fallecidos. Incluso alguno de los finados se llegaba hasta las casas y se escondía detrás de las puertas. Así lo contaban las abuelas a sus nietos junto al fuego comiendo los dulces tostones y las castañas asadas.

Marcel Félix de San Andrés Sánchez

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