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TERESA SUÁREZ FERNÁNDEZ

TERESA SUÁREZ FERNÁNDEZ

Paterson

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20/12/2016

Aunque no hay muertes, ni violencia, ni sexo, esta película no es apta para todos los públicos.

¿El motivo? Paterson es una oda a la normalidad y eso no vende. Estamos tan acostumbrados a que el cine nos cuente grandes gestas o historias tan fantásticas o extraordinarias, que la posibilidad de pasar 113 minutos viendo cómo transcurre la semana de un sencillo conductor de autobús, probablemente provoque un bostezo general en el público.

Paterson, el conductor, que vive en Paterson, el pueblo (sí, una de esas ocurrencias de padres que acaban suponiendo una pesada etiqueta para sus hijos) cada día madruga, desayuna un tazón de cereales (siempre los mismos), acude al trabajo (donde no suele ocurrir nada interesante), hace un descanso a la hora de la comida, vuelve al curro y cuando acaba su jornada regresa al hogar. Aunque son una serie de rituales que no por repetitivos dejan de resultar tiernos, se trata de un argumento que, posiblemente, a muchas personas no les resultará interesante porque es casi como contemplar tu vida a través del espejo.

Esta película me trajo a la memoria La Náusea de Jean-Paul Sartre, en la cual Antoine Roquentin, el protagonista, escribe un diario en el que relata sus actividades diarias y da a conocer sus reflexiones más profundas sobre todo lo que le rodea. Su vida transcurre entre el trabajo y los paseos por la ciudad, con paradas en algún que otro parque o café que inspiren su pensamiento.

¿Qué es la náusea? El ser humano cumple con la sociedad, respeta sus reglas, trabaja y no olvida sus responsabilidades. Al cumplir con su rutina acaba convirtiéndose en monótono y esa monotonía lo vuelve débil. Pensar únicamente en reivindicar la existencia (méritos y logros) ante los otros, produce en Sartre un profundo asco, una enorme repulsión hacia la cotidianidad, banalidad e hipocresía de la sociedad. No hay que demostrar nada a nadie. El hombre existe por sí mismo, no por los demás.

Creo que a Sartre le gustaría la crónica de Jim Jarmusch. Lo pienso porque Paterson es un cuento sobre esas pequeñas batallas que, calladamente y de manera individual, libramos cada día sin esperar a cambio otra recompensa que no sea nuestra propia satisfacción. Un canto a las cosas sencillas. Una manera de entender la vida (alejada de la permanente búsqueda de reconocimiento que caracteriza a la sociedad actual) y sentirse pleno persiguiendo sueños por mucho que puedan parecer inalcanzables.

Paterson, hombre de pocas palabras, escucha a los viajeros mientras conduce, sonríe con sus historias y las utiliza como fuente de inspiración para sus escritos. Aprovecha los breves descansos laborales para transformar en poesía los objetos, lugares y personas que pueblan su mundo.

La vehemencia y entusiasmo de Laura, su esposa, que vive en una permanente ebullición creativa (siempre en blanco y negro) que se refleja en toda la casa (cuadros, cortinas, cupcakes), contrasta con la serenidad y hermetismo de Paterson. No obstante, son la pareja perfecta. Ella, una continua riada de proyectos e ilusiones que externaliza sin ningún rubor y con una energía contagiosa; él, un huracán de pensamientos y reflexiones que nutren un mundo íntimo que solo ve la luz a través de las líneas escritas en el cuaderno que siempre lo acompaña.

Y no hay que olvidar a Marvin, tercer miembro de la familia, un bulldog francés en guerra permanente, más o menos soterrada, con Paterson por el control del territorio y la atención de la dueña de la casa. El perro (que tiene muy mala leche) goza de tanto protagonismo como la pareja. De hecho algunas de las situaciones más hilarantes, que las hay, nacen de sus gruñidos o sus patas.

Con las parejas de gemelos (cuyo significado no entendí), la preciosa cascada frente a la cual Paterson, el conductor, suele sentarse para pensar, y los excéntricos personajes que lo acompañan, Paterson, la película, tan absurda como entrañable, es un sueño que te acaba envolviendo.

Para finalizar, un poema de William Carlos Williams, de quien Paterson aprendió a renegar de lo abstracto y a mostrar, no a explicar, cosas, sentimientos y personas:

Matrimonio

Tan diferentes,
este hombre
y esta mujer:
un arroyo fluye
en la llanura.


Teresa Suárez

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Viñeta del 20/01/2017

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