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RAFAEL LÓPEZ VILLAR

RAFAEL LÓPEZ VILLAR

De la Cabalgata y otros asuntillos

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09/01/2017
Tenía ganas de ver la cabalgata de los Reyes Magos en Madrid, después de la desastrosa y polémica, me salía podèmica pero no existe, del año pasado que logró superar en esperpento y decepción a las que desde tiempos del ínclito Gallardón nos habían perpetrado a los que intentamos conservar, aunque solo sea un par de días al año, el espíritu mágico de nuestra infancia.

Y me gustó. Los Reyes parecían reyes, los acompañantes tenían más aspecto festivo y menos aspecto alternativo y solo faltaba que el recorrido hubiera sido el tradicional entre el Paseo de Coches del Retiro y la Plaza Mayor, pero eso ya sería pedirle peras al olmo, aunque permítaseme: "!Olmo, una de peras¡"

Pasé un rato agradable viéndola discurrir y viendo esos gritos de nerviosismo incontenible de los niños, y de algunos mayores, la suficiencia complaciente de otros mayores y las ganas generales de disfrutar, de ilusionarse.

Los fuegos finales brillantes, dignos de la ocasión y de la magnificencia de los protagonistas, pero, sucedió algo que me cambió el humor, la cruda realidad se entremetió en la magia y la alegría del momento. El lado cutre marginal de ciertos ocupantes de la institución municipal madrileña afeó toda la brillantez de la ocasión.

Al menos, por esta vez, los pequeños no debieron de reparar en el mal gusto, intelectual, social y estético que afea de forma permanente un edificio emblemático de Madrid. Emblemático y representativo desde que el faraónico gusto de cierto alcalde que no quiero renombrar lo convirtió en su pirámide particular. Faraónica al menos la obra lo fue en cuanto al coste.

Un sabanón de dimensiones considerables cuelga de la fachada del ahora ayuntamiento, un sabanón originalmente blanco y al cabo de los meses testigo de la contaminación ambiental de la capital ilustra de forma deleznable el frente de la joya arquitectónica y su mal gusto solo rivaliza con el mal gusto del mensaje pintado a brochazos en su superficie: "REFUGEES WELCOME".

Digo yo, y no creo estar especialmente desacertado en lo que digo, que el ayuntamiento de Madrid tiene medios para hacer llegar su mensaje, que representa a todos los madrileños de la capital, de una forma menos cutre y marginal. Que la solidaridad no tiene por qué ser expresada como una reivindicación, que la solidaridad cuando se expresa en ciertos niveles es una línea a seguir con hechos, con propuestas, con trabajo y no con sábanas que ensucian, afean y quitan esplendor, o al menos belleza.

Y como cuando me indigno, cuando me cabreo, la cabeza se pone a dar vueltas, empiezo a rizar el rizo, o a hilar más fino, y me planteo que a lo mejor el mensaje que se quiere transmitir es precisamente el que transmite el sabanón, es un distanciamiento de la representatividad que ostentan, un rechazo a las instituciones que ocupan, una marginalidad respecto al pueblo al que representan.

¿Y por qué en España, que tiene uno de los idiomas con más parlantes del mundo, se cuelga un cartel en otro idioma diferente y que tampoco es el de los posibles refugiados? ¿Es que solo son bienvenidos los que sepan hablar inglés? ¿Es que el cartel solo es para que lo lean los turistas que pasan por la zona? ¿Por si quieren pedir refugio? ¿Es que se quiere afrentar a todos los refugiados que ya hay y que no hablan, ni tiene por qué, ese idioma foráneo? ¿O es que los que lo han hecho consideran menor su propio idioma?

Y ahí, tras esta última reflexión, ya se me viene toda la bilis a la boca. Porque dado que los autores de la soflama textil son personas que muestran su permanente disgusto hacia todo lo que nos rodea: tradiciones, fiestas, historia, personajes, personas y convivencia en general. Dado que consideran que para que este sea un país pasable hay que tirar todo abajo y hacerlo de nuevo, eso sí, como ellos dicen. Dado que si por ellos fuera más de la mitad de los habitantes de este país, los que tenemos más de cuarenta y cinco años y otros más que tengan menos pero no piensan como ellos, tendríamos que estar muertos o inhabilitados socialmente, ¿Cómo pueden ser tan crueles de desearles a personas sufrientes y necesitadas que vengan a semejante lugar? Si yo fuera solidario, como ellos pretenden ser, montaría un servicio de disuasión al pretendido refugiado: "Váyase usted a cualquier otro sitio. Aquí no hay quién viva. Al menos hasta que nosotros gobernemos". Claro, en inglés, por supuesto, lo que pasa es que como yo no sé, no puedo escribirlo.

Bueno, y esa es otra, ¿Por qué en inglés? Sería más lógico, en árabe, en algunos idiomas africanos o en el idioma original en el que hablen los refugiados, que seguro, seguro, que no son anglosajones. Incluso, si la vista y el oído no me engañan, muchos de los que aquí ya están hablan en un español nativo que no necesita traducciones.

Y también, si no me engaño, que no me engaño, son estos mismos los que, en este caso con toda razón, denuncian las carencias de los discapacitados, dependientes, marginados y desfavorecidos en general. Y ahí tienen razón, toda la razón, las ayudas a los necesitados son absolutamente, vergonzosamente, ofensivamente, insuficientes. Pero estando de acuerdo yo no invitaría a otros a compartir la insuficiencia que compartida sería aún más insuficiente. Yo no invitaría a otros a participar de la miseria y la marginalidad antes de solucionar la que afecta a los que ya están.

Porque las posturas pretendidamente solidarias están muy bien, son estéticamente impecables, pero revisadas éticamente son una mierda, son tan insolidarias o más que las que pretenden levantar fronteras a los que necesitan traspasarlas. Son tan autocomplacientes, banales e insostenibles que dan asco.

Yo cuando invito a alguien a mi casa, lo invito para homenajearlo, para intentar compartir momentos y situaciones placenteras para ambos. Si lo que hago es necesitarlo para un trabajo, entonces lo contrato, no lo invito, y me aseguro antes de tener los elementos y labores suficientes para que su trabajo sea eficaz. Y sobre todo, sobre todo, me aseguro de tener el dinero suficiente para poder pagarlo. Lo contrario, es una baladronada o, si me apuran, un engaño.

Pues eso, que muy bonita la cabalgata de Madrid este año.

Rafael López Villar

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