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ANTONIO ROBLES

ANTONIO ROBLES

Cultura para ser críticamente libres

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30/01/2017
Tiene la cultura una función primera por encima de cualquier otra: lograr sacar de la ignorancia natural al ser humano, ilustrarlo, es decir, poner a su disposición información objetiva que le permita elegir por sí mismo, ser autónomo, crítico y vivir conforme a su libertad y creatividad. Una sociedad sin esas capacidades y valores está a merced de la manipulación y el sectarismo y muy cerca de la condición del integrante de un rebaño.

Es una tarea que cada generación ha de emprender y aprender, y toda institución política, garantizar. Cuando las instituciones encargadas de llevarlo a cabo hacen todo lo contrario, perdemos nuestra condición de ciudadanos libres con criterio formado, para pasar a ser marionetas del poder, sujetos alienados, meros súbditos.

Sin una información libre y neutral, sin una escuela ilustrada, alejada del adoctrinamiento, sin unos medios de comunicación autónomos y un entorno creativo y artístico a salvo del intervencionismo de los poderes públicos, es imposible una sociedad democráticamente sana y una libertad auténtica.

Y es eso precisamente lo que pasa hoy en Cataluña, una sociedad intervenida hasta la náusea desde la propia cultura, donde una élite supremacista alimentada de un narcisismo identitario obsesivo ha intoxicado a la sociedad entera y la ha abocado a la sumisión o al enfrentamiento.

La quiebra de la convivencia, la apuesta por el secesionismo, la intolerancia lingüística, la satanización del diferente o el enemigo exterior, no son la causa, sino las consecuencias de haber permitido desde los poderes del Estado el adoctrinamiento escolar, el control de los medios y la manipulación de la cultura.

Hoy en Cataluña lo más alarmante no es la amenaza secesionista, sino la derrota del pensamiento. Hoy en Cataluña no es la quiebra de la convivencia lo más preocupante, sino la sustitución del discurso racional por la reivindicación instintiva de las emociones como criterio de conocimiento.

Las características tribales de la rivalidad deportiva se han trasladado al discurso político. Ya no importa la verdad, sólo la defensa de la identidad. Los valores cognitivos se han reducido a la amígdala. Ya no importan los hechos, ni la ley, solo los sentimientos y las propias convicciones. Nadie definió más rotundamente atmósfera sociológica tan degradante como José Montilla (05/05/2010, contra el TC por la sentencia del Estatuto de Cataluña).

"No hay sentencia que pueda juzgar los sentimientos de los ciudadanos de Cataluña".

Es la culminación de la estupidez intelectual y de la agresión más rotunda al Estado de Derecho. Y ahí está, de senador.

Cataluña se ha convertido en una colosal trinchera. Y eso no se arregla con cupos económicos, asimetrías fiscales, blindajes lingüísticos o la cesión de la última instancia judicial a la Generalidad de Cataluña, con o sin reforma de la Constitución, sino con datos, racionalidad, conocimientos, cultura libre e información neutral. Y persistiendo en el tiempo.

Una ley es fácil de hacer o de modificar. Cambiar los valores culturales y las convicciones emocionales, cuesta generaciones.

Este es el gran problema. Hoy en Cataluña hay cientos de miles de nacionalistas, emocionalmente convencidos de que España se levanta por la mañana pensando cómo puede joder a Cataluña (en palabras de Albert Boadella), cómo puede sangrarla económicamente y en permanente conspiración para acabar con su identidad cultural y su lengua. La pedagogía del odio ha calado hasta el tuétano y las mentiras que han modelado su cosmovisión, no las sienten como tales, sino como agravios evidentes. La ecuación es sencilla: no han conocido otra versión de Cataluña que la nacional-catalanista.

Por eso, hay que acabar con la impunidad de la mentira. La única normalización pendiente hoy en Cataluña, es la normalización de la verdad. Y eso pasa por recuperar el timón de la cultura, de la escuela, de los medios de comunicación, para contrastar cada una de las infinitas agresiones que emiten a diario contra la ley, la historia o el sentido común. Con paciencia, con determinación, con la ley y la legitimidad moral que da el jugar limpio.

Este es el problema: la ideología más reaccionaria de los dos últimos siglos ha logrado robar a la democracia constitucional española, la hegemonía moral y la hegemonía cultural. De ahí su hegemonía política. No porque sean más, no porque sean mejores, sino porque se han apropiado de todos los instrumentos de la cultura para modelar a su antojo las dos últimas generaciones. Lo que no está representado en los medios, tiende a disolverse, y hoy los medios culturales, educativos, institucionales y mediáticos están monopolizados por la verdad de época, que da la hegemonía cultural. O al revés, quizás fue su hegemonía cultural quién ha impuesto 'su' verdad de época.

La 'resistencia' al nacionalismo en Cataluña lo advirtió ya hace muchos años. Aún recuerdo con qué desprecio o indiferencia acogieron la clase política del resto de España (la de aquí, ni la nombro) a la Caravana por la Tolerancia Lingüística que emprendimos en 1995 un grupo de ciudadanos desde Cataluña, para denunciar la exclusión de los derechos lingüísticos en la escuela. Ni sabían qué era la inmersión, ni creyeron una palabra cuando les transmitíamos que en Cataluña no se podía estudiar en la lengua oficial y común de todos los españoles. Imagínense cuando oyeron de mis labios en la Universidad de Salamanca que el ejército de Cataluña eran sus maestros. No eran palabras para la sensibilidad buenista de la época, ni para contradecir la predisposición a pagar una deuda contraída con los nacionalismos periféricos en nombre de no se sabe qué.

Pero a la vuelta de los años, aquella indiferencia por la cultura, por lo que pasaba en nuestras escuelas, se ha convertido en mareas verdes, en mareas amarillas, en uves y esteladas. Es en la escuela donde estas marcas de territorio disfrutan de mayor impunidad. Si hiciéramos una estadística veríamos que entre maestros, profesores y periodistas hay mayor índice de independentistas que en ningún otro colectivo; precisamente, los espacios y las profesiones transmisores de cultura. Curiosamente, los espacios y profesiones que el nacionalismo ha defendido con mayor celo. Reparen en la intransigencia que muestran cuando se cuestiona la inmersión. ¿Por qué? Porque ella garantiza la exclusión del castellano, el adoctrinamiento nacionalista y la disolución de los lazos afectivos y culturales con España. El gran constructor de esta Cataluña identitaria lo tuvo claro desde el principio:

"Cuando veo a esas gentes de derecha o de izquierda encerradas en sí mismas pensando: 'a nosotros no nos conseguiréis nunca', pienso, me da igual, a vuestros hijos sí los tendremos. A estos los educaremos desde el principio en el ideal" (Adolf Hitler. Discursos, años 1933, 34, 35, 36, 37, 38. Obras completas, tomo I, discurso en la sala de motores Siemens el 10 de noviembre de 1933, Ediciones Wotan, Librería Europa, Barcelona, p.176)

¿De quién creen que es esta frase? De Pujol no, pero siempre se guió por esa convicción.

El 28 de octubre de 1990, El País y El Periódico de Catalunya filtraban un documento interno de Convergència i Unió (CiU) que propugnaba un plan para extender la cosmovisión nacionalista a todas las instituciones políticas, mediáticas, colegios profesionales y consejos de administración de bancos y empresas, instituciones deportivas, religiosas y políticas, y colonizar con nacionalistas sus direcciones. Detrás del informe estaba directamente Jordi Pujol, el gran hermano, el gran timonel. Su objetivo era imponer el discurso nacionalista hasta el último rincón de la sociedad catalana. Con especial obsesión, en los medios de comunicación. Sin medias tintas instaba a los medios públicos a ser "transmisores eficaces del modelo nacional catalán" e "incidir en la formación inicial y permanente de los periodistas y los técnicos de comunicación para garantizar una preparación con conciencia nacional catalana".

Como ven, no se contentaba con marcar a los medios o comprar sus voluntades, pretendía formarlos desde sus primeros pasos periodísticos como si fueran cachorros y mantener una formación permanente para evitar desviaciones. El Libro Rojo de Mao, o la Formación del Espíritu Nacional son sueños para modelar el carácter de un pueblo; la misma mentalidad totalitaria del nacional catalanismo.

El documento entero estaba inspirado por ese constructo denominado 'Espacio Catalán de Comunicación'. Como si la comunicación tuviera necesidad de adjetivos. La comunicación es libre, o no es. Así de sencillo.

Hoy, aquella voluntad de reducir Cataluña a la mentalidad del buen catalán nacionalista, es una realidad. Políticos y periodistas podrían intercambiarse y nadie se daría cuenta. Solo hay que echar una ojeada a la red mediática que ha logrado armar el nacionalismo para darse cuenta, que la construcción de estructuras de Estado se empezó mucho antes de lo que nos parece ahora.

La actual Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) integra 7 televisiones (TV3, 1994), Canal33 (2º canal de tv de la Generalidad, 1988), el 3/24, de información continua (2003), y con la llegada de la TDT, puso en marcha un canal dedicado a los deportes, Esport3 (18/10/2010) y otro a la audiencia infantil, Canal Super3 (18/10/2010), que sustituyó a K3, puesto en marcha en 2001. TV3 HD, de alta definición (23/04/2007) y TV3 3D (de alta definición y tres dimensiones (junio de 2010). Además de portales digitales por Internet de la CCRTV Interactiva, Activa Multimedia Digital, y la CCRTV Servicios Generales.

En el campo de la radio, la Generalidad hizo lo mismo que en televisión, con una red pública de frecuencias y un control de las concesiones privadas. Catalunya Radio nació en 1983, un año antes que TV3. No obstante, Radio Nacional de España emitía en catalán a través de Ràdio 4 desde 1976. En 1987, se creó Catalunya Música (1987), en 1992, Catalunya Informació y en 2006, iCat. En 2007 la Generalidad monopolizó el control de toda la información en catalán al erigirse en accionista mayoritario de la Agència Catalana de Notícies (ACN, 1999), que se ocupaba y se ocupa del espacio pancatalanista de comunicación de els Països Catalans. Con los portales de Internet, la red ha alcanzado innumerables tentáculos, no solo públicos, sino concertados, porque todos ellos viven de las subvenciones de la Generalidad. Destaca entre las primeras 324.cat y entre las segundas vilaweb.cat.

El afán del nacionalismo por controlar la mente de los catalanes, como vemos, no se para en medios, tampoco en euros. Sólo de 2007 a 2013, estos medios al servicio de la secesión se llevaron la friolera de 2.996 millones de euros, o sea 497.336 millones de las antiguas pesetas.

Ese despilfarro solo se refiere a los medios de comunicación públicos, después están los concertados, como La Vanguardia o RAC1; además hay que incluir las subvenciones a todo tipo de organizaciones nacionalistas realizadas sólo en catalán (toda obra u organización realizada en castellano queda excluida de la subvención), al cine, a documentales, a congresos, simposios, normalización lingüística y control escolar (cursos de verano, activismo escolar, libros, enciclopedias y material informático dedicados a la construcción nacional etc), Museos nacionales, como el de historia, o del Born, verdaderas ficciones dedicadas a la pedagogía del odio (Esta última obra nos costó 76 millones de €), a las mal llamadas embajadas, o a la compra de firmas de periodistas extranjeros para difundir la secesión a nivel internacional.

La consecuencia de tanto control por parte de la Generalidad, directamente proporcional al abandono del Estado, es la hegemonía cultural que actualmente detentan.

Es preciso revertir el esfuerzo. El Estado tiene derecho a defenderse, y le sobran medios para hacerlo, solo es necesaria voluntad política, personalidad para definir una estrategia a largo plazo y las tácticas adecuadas para modular con inteligencia y sin complejos todo un plan para devolver al ciudadano espacios e información que les permitan defenderse y enfrentarse al bombardeo mediático del nacionalismo.

¿Qué se puede hacer o qué se debe hacer?

No puede quedar sin contrastar ni una fechoría más, ni una mentira más, ni una deformación del pasado más. En cualquier campo. Por ejemplo, en la fiscalidad. Toda acusación de expolio fiscal ha de ser contrastada con cifras y valorada con criterios de justicia social y dimensiones de Estado. Y tener medios para difundirlos.

Para ello, es preciso poner a disposición de todas las áreas de la cultura, un presupuesto de emergencia nacional para contratar inteligencia que genere documentos científicos y valores democráticos para una sociedad de ciudadanos libres e iguales y no de territorios.

Otro ejemplo. Cine, televisión y redes sociales. No pueden quedar sin contrastar ni un documental secesionista más, ni los infinitos mantras nacionalistas que esparcen por Internet. Algunos ejemplos:

'Terra Lliure, punt final', documental emitido por TV3, el 14/04/2007. Una mirada cómplice con el terrorismo y fines de Terra Lliure.

'Adeu, Espanya', emitido en TV3, el 3 de junio de 2010.

'La Crida, història d'una resposta', (TV3, 24/09/2011) donde hasta sus actos violentos se justifican.

TV3 emite un reportaje propagandístico a favor del referéndum secesionista tres semanas antes de las elecciones (05/04/2012)

TV3 emite un reportaje propagandístico con formato de documental en defensa de la inmersión lingüística obligatoria (22/04/2013)

'Hola Europa', emitido por TV3, el 7 de mayo de 2013.

TV3 explica a los niños que en 1714 "Cataluña perdía su libertad" (18/09/2013)

'L'endemà', de Isona Passola, presidenta de la Acadèmia del Cinema Català. Un publirreportaje, en formato de película, del oasis que surgirá tras la independencia (17/12/2014)

Hoy, la rebelión contra la soberanía nacional ha de darse en el plano de la legalidad jurídica y la cultura. Sueñan con tanques en la diagonal. Hasta ahí llega su delirio y patología victimista. Cualquier recurso a la fuerza, tiene más contrapartidas que ventajas. Por eso, el Estado habría de reducir partidas de defensa (es una manera de hablar) para nutrir la escasez de medios culturales capaces de recuperar la hegemonía cultural. Porque hoy los medios culturales son las verdaderas armas de la convivencia y de la hegemonía moral.

Es alarmante que medios tan influyentes como La Vanguardia o las emisoras de Justo Molinero estén literalmente comprados por las subvenciones de la Generalidad sin que el Estado destine recurso alguno a contrarrestarlos; es suicida que el único diario digital que se enfrentó al nacionalismo sin complejos, La Voz de Barcelona, hubo de desaparecer huérfano de cualquier apoyo? ¿Cómo quieren que España forme parte de la vida de los catalanes si el Estado deja la escuela abandonada al control nacionalista, no apoya económicamente a los pocos medios disidentes, y no crea espacios intelectuales para defender los valores constitucionales allí dónde se enseña a despreciarlos? El pujolismo ha demostrado que en esta época de tecnologías multimedia se pueden modular generaciones con una rapidez y eficacia como nunca antes se había producido en la historia.

Un tercer ejemplo. Si algo le sobra a España es Historia. 'Isabel', la serie de TVE, es un buen ejemplo de cómo se puede invertir en cultura. Los niños catalanes tienen derecho a saber la historia de sus antepasados contada por profesionales de la historia. Al menos, para que puedan contrastarla con las ficciones que les inoculan desde la guardería y el paisaje de esteladas transmitido por TV3.

Posiblemente estos apuntes puedan parecer intervencionistas. No lo son, estamos en guerra, por si alguien no se había enterado. Una guerra sin armas, llevada a cabo con instrumentos culturales. Sólo la podemos ganar con cultura ilustrada y urnas. Y de momento, nos llevan 35 años de intendencia.

Antonio Robles


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