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Editor: César Ortega  |  13:30h. 29.04.2017

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GUILLERMO RODRÍGUEZ LABRADO

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La mujer que no sabia mucho y dos grandes banqueros de comportamiento ejemplar

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11/03/2017 Desde 1821, y con Hegel como máximo exponente, nos encontramos, a través del Positivismo jurídico, con el Derecho positivo o, dicho de otro modo, con la culminación del Derecho del Estado.

En el S. XX, en Alemania, se estudia a Locke y a Rousseau mientras en España se estudia el Derecho Natural Escolástico cultivado durante nuestro siglo de oro.

Si no nos encerramos en el Derecho positivo o legislado y queremos contemplar el Derecho desde la ciencia de la Sociologia, resultaría que éste no sería identificado como Derecho estatal sino como un "uso social fuerte" (Ortega y Gasset) o, lo que es lo mismo, algo que tiene fuerza en sí y que se diferencia de las demás prácticas sociales en que se impone imperativamente, respaldado por un poder coactivo al que debe añadirse un elemento más: el de valoración de la Justicia a los efectos de relación del Derecho con la Justicia y no sólo del que aparece en las leyes.

La Filosofía del Derecho de Hegel tiene una enorme influencia en el Existencialismo (J.P. Sartre: "ser en sí" y "ser para sí") y en el Marxismo (C. Marx : "El Capital"). Su dialéctica se apoyaba en el espíritu (formación del espíritu individual). Entendía la relación del Derecho con la Justicia como algo que debía ser ejemplarizante en su desarrollo y ejecución.

Es esto a lo que se refiere Hegel cuando introduce un nuevo concepto que llamaba "Sittlichkeit" y que procede de "sitte": moral, costumbre, moralidad.

La Moral se caracteriza por la actitud subjetiva y el Derecho se desenvuelve en una esfera exterior. Ese Derecho lo definía Kant como: "conjunto de condiciones en virtud de las cuales la libertad de cada uno puede combinarse con la libertad de los demás, según una ley general de libertad", y Hegel estaba de acuerdo, si bien tachaba su enunciado de abstracto y formal. Según Hegel, la propiedad fundamental de la persona como sujeto de Derecho en general es la igualdad.

La pena debe ser entendida como una negación o eliminación del delito. Es la respuesta al delito.

La satisfacción subjetiva, el interés del bienestar particular, hay que someterlo a las exigencias de lo objetivo y general (y no porque sea malo en sí ese aspecto del bienestar). Es lo que Hegel llama la "bondad moral" o también el "último fin absoluto del mundo".

El perfil subjetivo de la acción es el que establece de hecho la especificación moral (lo que es bueno y lo que es malo). Ese perfil subjetivo no es otro que la conciencia. Pero el "imperativo categórico" de Kant es tan abstracto que no nos puede solucionar en concreto cuándo obramos bien y cuándo obramos mal. Lo importante es que la conciencia tenga unos criterios objetivos para orientarse en lo que es bueno, y estos criterios no pueden provenir más que de las convicciones vigentes en la sociedad: leyes, costumbres, usos sociales, principios generales del Derecho.

Y nadie puede saltarse esas leyes o costumbres salvo los profetas o seres privilegiados. En cierto modo, es posible considerar privilegiado -tal vez sin serlo por sí mismo- al que reside en Suiza estando en libertad provisional después de una resolución judicial que le impone una pena de seis años por el saqueo de seis millones de euros de las arcas públicas de Baleares y Valencia a través del Instituto Nóos. Y, asimismo, en su caso, al que responde en la instrucción del juicio con 189 "no lo sé", 59 "no lo recuerdo" y 58 "lo desconozco".

Así pues: ¿es suficiente justificación, incluso para una libertad provisional, tener arraigo, buena conducta durante el proceso o, incluso, un comportamiento ejemplar durante el mismo? ¿Qué se está juzgando?

Si existe un orden social, un orden estable al lado de la Justicia y su finalidad o adecuación afines del Derecho, hay que tener en cuenta, al mismo tiempo, la seguridad jurídica y una Ética entendida como actitud y sentimientos de respeto, no sólo a la Ley sino a las circunstancias y problemas existentes en determinada sociedad aún considerada democrática y, por supuesto, estando contra la corrupción y otras lacras.

No se pueden entender los valores de la civilización europea (ni de cualquier otra) si se piensa sólo en términos de beneficios económicos. Véase al respecto el preámbulo del Tratado del 2006 por el que se establece una Constitución para Europa: "...inspirándose en la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa... y los valores universales de los derechos inviolables de la persona, la democracia, la igualdad, la libertad y el Estado de Derecho...".

En España están muy recientes los casos de entidades financieras rescatadas con dinero público, particulares defraudados y dos grandes banqueros en libertad sin medidas cautelares por su comportamiento ejemplar en el juicio.

!Caramba! No hace falta añadir más. El límite ha de ser la rectitud, la moralidad.

Los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial -dentro del cual se encuentra la Fiscalía General del Estado, que tiene encomendada la defensa de los intereses generales- así como la Monarquía Constitucional (en nuestro caso) están para actuar y vigilar, de acuerdo con sus competencias, el correcto funcionamiento de las Instituciones, de conformidad con el mandato del pueblo que ha elegido a sus miembros, y todo ello "en un equilibrio que los limita reciprocamente" (Montesquieu).

Eso es, precisamente, lo que quiere la voluntad general, teniendo en cuenta que la interpretación jurídica tiene que ser valorativa o estimativa, adaptándose a la situación social y al caso concreto.

La Transición, ese logro político y social plasmado en la Constitución de 1978, toca a su fin. Y puede que, igualmente, en su redacción actual, esa Carta Magna que reconoce 17 nacionalidades o regiones; que garantiza las libertades y derechos fundamentales y que, al referirse al Poder Judicial, lo primero que establece es que la justicia emana del pueblo.

Es hora de un cambio, de un pacto -si fuera necesario- entre fuerzas o partidos políticos representativos que conduzca a una reforma del marco normativo y a una apuesta por la regeneración institucional superando la confrontación entre grupos, procurando que las Instituciones fundamentales del Estado no estén controladas por los partidos politicos y no dar así más razones a independentistas o a los que se sienten desmoralizados o amargados.

!Qué paradoja lo de Estado del Bienestar!. Cada vez es más grande la desigualdad entre ricos y pobres. Y es cierto lo que decía aquel viejo amigo que llegó a Gobernador Civil: "estamos aquí de paso ". Eso es verdad, pero todos, los que no tienen dinero ni trabajo ni esperanza de encontrarlo están en el mismo viaje.

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Viñeta del 28/04/2017

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