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Editor: César Ortega  |  12:16h. 24.06.2017

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PEAC: la gerencia

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19/04/2017 "En la actualidad, el término flexibilidad se usa para suavizar la opresión que ejerce el capitalismo".
"El nuevo capitalismo es, con frecuencia, un régimen de poder ilegible".

(RICHARD SENNETT / "La corrosión del carácter").

En este mundo de las gerencias sanitarias hay un hecho que por lo absurdo e incoherente debería intrigarnos. Y es el siguiente:

Hacen lo imposible para que algunos de sus trabajadores sanitarios se sientan maltratados, casi al borde del abismo y al límite de su resistencia, física y mental, y cuando la estampida de profesionales (en este caso profesionales PEAC) se produce, entonces se quejan amargamente de que no tienen profesionales suficientes para acometer las funciones asistenciales encomendadas. "No hay", dicen.

Lo que no hay es vergüenza.

La verdad es que los tiempos Cospedal, en este ámbito de la sanidad pública de nuestra Comunidad, fueron duros, incluso tóxicos, y menos mal que no pudieron llevar hasta el final algunos de sus más brillantes proyectos, por ejemplo cerrar los PAC, porque si se hubieran salido con la suya y cerrado esos puntos de urgencias de nuestros centros de salud, no habrían tardado en conocer de primera mano en qué consiste afrontar las consecuencias de una metedura de pata colosal, y supongo que los teléfonos de los ciudadanos habrían echado humo hasta atufar incluso a aquellos que demostraron tener tan poco olfato.

El cabreo cívico, o sucesos más desgraciados e irreparables, no habrían tardado en llamar a sus puertas, y en mancillar la virginal moqueta de tan altos como alejados despachos. Y sin embargo, la causa de todo ello no habría sido el despiste o la ignorancia, sino la ideología. Que no es más ideología que la del recorte público y de derechos, para solventar los pufos de la estafa descomunal que nos han endilgado.

Visto el objetivo final que tenía aquella mandataria letal (acabar con la sanidad pública), aquel periodo tomó el aspecto de un proceso de liquidación, y los gestores contratados al efecto eran básicamente eso: "liquidadores".

Sin embargo, hasta los "liquidadores" son humanos, o al menos precavidos, si -por ejemplo- empiezan a proliferar las denuncias correspondientes en los juzgados o en Inspección de trabajo.

Me tocó tratar, en tareas de lucha reivindicativa, con alguno de estos gestores, y especialmente con una gerente evidentemente liquidadora (de una sola sentada liquidó a todo un colectivo: los mal llamados "corre turnos"), y sin embargo -fíjense lo que les digo- creo que en el fondo hasta era de carne y hueso, y tras su dureza y lo amargo de su trabajo, se debía esconder una persona como usted y como yo. Estoy seguro.

Es el "sistema" el que nos estropea el carácter, y nos hace afrontar, al contacto con ese medio ambiente tóxico, un "rol" determinado, que abandonamos fácilmente al salir de allí, como quien cuelga su uniforme en la taquilla del curro, camino de su vida privada.

Está estudiado. Por ejemplo en el libro de Richard Sennett, "La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo".

Como digo, aquellos tiempos fueron tiempos duros, y la transición hacia ellos tampoco fue fácil. Los primeros embates de la crisis económica les pillaron a los socialistas -en general- teorizando aún sobre las virtudes del "pelotazo", un invento de los tiempos felipistas y una forma como otra cualquiera de mangar con estrategia y dribling.

Ante las primeras olas de la crisis económica sobrevenida, hubo reuniones discretas en que algunos gestores -a punto de dejar de serlo por el cambio de Administración- clasificaron a los profesionales sanitarios con que se contaba en ese momento en tres categorías: primera, segunda, y tercera clase, y todo ello de cara a la liquidación.

Clasificación que no tenía que ver con la categoría profesional, sino con la precariedad y el maltrato laboral. No dejaron de participar en ello los sindicatos. Era un "salvase quien pueda", circunstancia muy propicia para que aflore lo peor de cada barrio. Fueron muy pocos los que en aquellas reuniones liquidadoras invocaron y defendieron una solución colectiva y solidaria -y eso les honra-, por cuanto además era la única compatible con un mínimo nivel de servicio público y el cumplimiento de la legalidad sobre jornadas, ya que aquí nunca ha habido exceso de personal, sino en todo caso, falta.
De hecho, en muchas ocasiones (y no hace tanto) ha sido necesario buscar y contratar a los profesionales sanitarios fuera de España.

La tercera clase de aquella indigna clasificación (los "corre turnos"), fue, como digo, liquidada en un santiamén, ya por los nuevos gestores entrantes, aunque fue propuesta y preparada por los que salían. Que hasta en eso se parecen los gestores, sean del PP o sean del PSOE, de los cuales puede afirmarse que en cuanto a la facilidad tecnócrata con que liquidan derechos y recortan servicios públicos, son primos hermanos.

Sin embargo, aquella gerente tan rápida en liquidar tuvo -creo yo- que frenar, con el paso del tiempo y en confrontación con la realidad, su ímpetu liquidador, y atender al hecho inevitable de que hay leyes (por ejemplo las que regulan las jornadas) que hay que cumplir. Ente otras cosas porque hay una normativa europea que nos obliga.

Es tal la virtud y la fuerza del respeto a las leyes y de la vigilancia que ejercen los tribunales europeos (no así los de aquí), que algunos de aquellos profesionales que fueron despedidos como "corre turnos" tuvieron luego que ser contratados de nuevo como "PEAC".

Dicho de otro modo: aquella lucha nuestra fue fructífera.

Por estas y otras razones, haciendo de la necesidad virtud, aquella gerente de hierro (del PP) introdujo normas en la organización del calendario de guardias que los socialistas nunca se habían molestado ni siquiera en valorar. E introdujo con escuadra y cartabón, en un medio laboral organizado a modo de cortijo y antro de hechos turbios, pequeñas cuñas de equilibrio y dignidad laboral. Obligada o motu proprio, pero se hizo.

Frenó también, al menos con unos mínimos límites, la codicia de unos pocos, para los que la legislación sobre jornadas no existe, sólo el dinero, y en este sentido supo imponerse a la prepotencia de aquellos para los que, dueños del cortijo, y merced al espíritu de desregulación, todo estaba permitido, y todo el campo es orégano.

Fue un pálpito o una intuición, pero cuando, finalizada aquella etapa de triste recuerdo presidida por Cospedal, retornó de nuevo la administración socialista del "cambio" (la que ahora tenemos), algunos compañeros (médicos y enfermeros) que ya habíamos conocido su gestión anterior, no pudimos evitar acordamos de aquel refrán que dice a modo de amenaza: "otros vendrán que me harán bueno". Y mira que lo que se iba era malo y hasta tóxico y corrosivo.

Y así parece confirmarse ahora: las listas de espera han empeorado en nuestra atención primaria (de rebote también en el hospital), y en nuestro medio laboral vuelve a reinar la ley del más fuerte, la ley del cortijo, la ley de la tradición, "porque siempre se ha hecho así". O si se prefiere, la ley de la selva.

Vuelve a haber profesionales de primera (Equipos de consulta) y de segunda (PEAC), y a estos últimos recientemente la Gerencia de atención primaria de Toledo les ha convocado para anunciarles unas nuevas Instrucciones (debe ser el famoso cambio socialista), según las cuales pudiera ocurrir que no libren ningún fin de semana del año, y así mismo que ellos harán también todas las guardias de festivos, incluidos los de Navidad, sin la rotación preceptiva (establecida, por ejemplo, en el Decreto 137/1984), no sé si con la intención de que, con tiempo suficiente, vayan despidiéndose de sus familias y de su conciliación familiar, o animándoles perentoriamente a que abandonen el puesto trabajo para luego poder decir que no hay profesionales suficientes con que cubrir las funciones asistenciales encomendadas.

Y a todo esto, sindicatos y colegios profesionales mirando para otro lado. Como si la cosa no fuera con ellos.

En definitiva, se les amenaza (al personal PEAC) con unas instrucciones "para elaborar el Plan Funcional de Atención continuada", que suponen de hecho desenterrar de nuevo el hacha de guerra, tras el equilibrio inestable logrado con aquella gerente tan dura del PP.

Aquí el "cambio" socialista consiste en renovar lo viejo, incluso con viejos conocidos en los despachos de dirección.

El calendario de guardias vuelve a ser un cachondeo que algunos deciden "a la carta" (prefiero hacer guardias sólo de lunes a jueves, o incluso sólo de martes a jueves), a mayor gloria de las listas de espera en atención primaria. Ya explicaremos esta relación del calendario de guardias con las listas de espera en otro momento.

Como en los viejos tiempos: premiando y promocionando la ineficiencia. Insistiendo en una organización laboral en la que merced al modelo de gestión del calendario de guardias, cuanto más se libra (o más consultas se dejan de hacer y se pierden) más se cobra. Toda una tentación. Toda una promoción de las listas de espera. Hasta los ya exentos de guardias por edad se reenganchan a este chollo. Esa juerga la pagan los pacientes y otros trabajadores explotados hasta extremos de escándalo.

Tengo delante de mí un calendario de guardias de mi centro de salud, correspondiente al mes de abril del presente, donde a un enfermero PEAC (puesto de urgencias) de 66 años, con pluripatología, se la adjudica la guardia del día 10 (17 horas), la del día 12 (17 horas), la del día 14 (24 horas), y la del día 16 (24 horas). Todas esas jornadas incluyen la noche. En total 82 horas de trabajo en una semana, casi dos tercios de su jornada ordinaria mensual concentradas en una sola semana. Eso es el SESCAM "socialista", donde los amigos del jefe deciden el calendario de guardias "a la carta". De ahí vienen las listas de espera.

¿Dónde están los sindicatos o a qué se dedican?

Ante este claro retroceso respecto a los "mínimos" conseguidos en aquella etapa dura de triste recuerdo, en los poblados wasap de los profesionales PEAC se escucha ruido si no de tambores de guerra, si de tambores de huelga.

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Viñeta del 23/06/2017

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