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DCLM.ES · OPINIONES · Marcel Félix de San Andrés

Marcel Félix de San Andrés

03.12.2017

Cocos y asustaniños femeninos en la mitología manchega

Por Marcel Félix de San Andrés

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El imaginario popular nos ha legado una variada gama de misteriosos seres femeninos cuya función principal es la de "asustaniños": espantar a los niños y jóvenes es su característica y misión esencial. Aunque algunos de estos personajes pueden ser también advertidos por los hombres y mujeres adultos, quedando aterrados. Estos son los más habituales en nuestros pueblos:

La Marimanta. Diversos autores clásicos han escrito sobre ella. Quevedo se refería burlonamente a Saturno como “el dios Marimanta, comeniños, engulléndose sus hijos a bocados”. Por su parte, Benito Jerónimo Feijoo, en su obra Teatro Crítico Universal, tomo cuarto, discurso once, escribe lo siguiente: “Pareció después el Belerofonte literario, título altisonante, inscripción horrísona, que puede espantar los niños, mejor que el Coco y la Marimanta”. ¿Y qué había debajo de tan portentoso epígrafe? No más que una querellita con un médico de Córdoba, por quítame allá esas pajas.

En Galicia “… es la Meiga del Saco, roba niños y los hace desaparecer”. Si una anciana fea, encorvada, que lleva un saco a su espalda chepada os pide humildemente limosna a la puerta de vuestra casa, dádsela y vigilad a los niños hasta que se aleje.

En Extremadura suele ser un ente masculino, el Marimanta. En Badajoz, durante la fiesta de las Candelas se hace la “quema del Marimanta” tras un desfile por la barriada de Santa Marina. En este caso, quemar el Marimanta simboliza deshacerse de las cosas malas del año transcurrido. Según P. Rubio, en Magacela (Badajoz), “las marimantas eran mujeres que arrebujadas en una manta y con un faro y cencerro, en el más crudo invierno, vagaban por las empinadísimas calles rezando por las ánimas benditas en cumplimiento de un voto o promesa. La intención no era la de asustar, pero coño si asustaban, sobre todo a los niños. La tradición se ha perdido ya en esta generación”.

También existe en Andalucía. Federico García Lorca dice en su conferencia sobre las nanas: “ya sabemos que a todos los niños de Europa se les asusta con el Coco de maneras diferentes. Con el Bute y la Marimanta andaluza, forma parte de ese raro mundo infantil”.

En La Mancha es el equivalente a “las fantasmas” y “las pantasmas”. En los últimos tiempos, las Marimantas eran el disfraz utilizado por novios y rondadores de damas enamoradizas. Los galanes, tapados por una manta, accedían de incognito a ventanas y puertas de la casa de la dama. Una leyenda de Valdepeñas tiene a las Marimantas de protagonistas.

La Marizampa. Las Marizampas son criaturas de leyenda compartidas por ambas castillas. Presente en la provincia de Ciudad Real en municipios del Campo de Calatrava: Bolaños, Almagro, Granátula, Valenzuela, Aldea del Rey, Calzada de Calatrava…: “Son mujeres robustas, en ocasiones deformes, encorvadas y de grandes garras y rostros execrables. Viven en guaridas ocultas en bosques y humedales, de donde sólo salen cuando la desesperación las lleva a necesitar alimentarse de algún niño. Su aislamiento y su desgraciada infancia las convierten en seres rencorosos deseosos de destruir la vida de todos los niños y madres de la región. Sin embargo, en ocasiones, un instinto se despierta en su interior y algo la llama a secuestrar una niña a la que cuida bajo su deformado concepto de maternidad. Será una nueva Marizampa”.

Una informante de Almagro cuenta los siguiente: “de pequeña, aunque no recuerdo muy bien, también nos asustaban con si no te duermes va a venir la Marizampa y te va a llevar”.

Nadie sabe cuál fue el origen de la primera Marizampa, pero se sospecha que al igual que ellas roban niños para devorarlos, la primera Marizampa fue alguna niña perdida o secuestrada que, intentando vivir la maternidad de la que nunca disfrutó, comenzó a secuestrar niñas y a criarlas junto a ella en lamentables condiciones.

La Mano Negra. El más extendido de nuestro apartado de tutelares femeninos asustaniños y el más eficaz en la educación coercitiva de los más pequeños. Su origen hay quien lo sitúa en la mítica organización secreta anarquista-terrorista. Es un tenebroso ser acuático que habitaba, ¿vive aún?, en nuestros pozos.

Su sola mención hace que la chiquillería huya a escape de la cercanía de los brocales. Coinciden la mayoría de los testimonios en su descripción: “Era como una grandísima y feísima mano, con enormes uñazas negras”. “Como ser alado era imaginado en La Solana, y aparecía del pozo para llevarse a los niños díscolos”. Algunos de los entrevistados coinciden en señalar el “corte a ras de muñeca viéndosele algún que otro hueso y repugnantes colgajos de carne”.

Un informante de Puertollano cuenta lo siguiente: “en los colegios (que yo recuerde, cursaba primero de EGB, 7 u 8 años) era algo que había en los retretes y aterrorizaba pensar que pudiera salir y agarrarte la mano negra cada vez que entrabas y te encerrabas allí”.

Con sus habilidades de hechicera chupaba los sesos de algún adulto al que atraía mortalmente hacía dentro del pozo. Cuando sacaban el cadáver del infortunado, las abuelas presentes, con voz callada decían a los nietos: “…veis, veis…cosa de la Mano Negra… no acercaros… veros, veros”. “Y cuando ya siendo mocicas y mocicos, habíamos aprendido el arte de hincar el cubo en las aguas, no podíamos evitar el repelús que nos corría por todo el cuerpo. Sacábamos el cubo pegando chuscas…no fuera que la mano negra le diera por dar sus estirajos”.

Así se refiere a ella Villar Esparza en su libro “Con Once Orejas”: “habitaba en muchos pozos del campo montieleño. De la Mano Negra se cuenta que gozaba de una activa existencia en los avisos maternos. Que acechaba en silencio en sus dominios, al ojeo del abierto y angosto techo del pozo. Más Carón que Cancerbero, aguardaba al curioso niño que imprudente se asomaba por el brocal. La Mano Negra, en viendo la cabecita del niño, más rápida que el pensamiento volaba hasta él y lo apresaba. La cuestión del vuelo lo desmienten algunas abuelas, pues es un error, y coinciden en señalar que la Mano Negra lo que hacía era reptar como las bichas por las paredes húmedas. Entonces arrastraba hasta el fondo de las aguas poceras a la víctima. Sólo el chapoteo y el grito desgarrador probaban la tragedia”.

Se le considera deforme pariente lejano de los invisibles Genios de las aguas, de las Xanas de arrebatadora hermosura, de las Ninfas de agua enamoradas de hombres mortales; de las Lamias, tan bellas y terribles como voluptuosas, y de las infanticidas Marías enganchas. Dice la tradición que la Mano Negra, condenada a eternas soledades, siente enfermiza envidia de sus primas, las “Encantás”, que cada 24 de junio florecen como los tréboles en los mágicos espejos de la noche Sanjuanera.

En otros pozos manchegos tiene su hábitat otro bicho peludo al que se le conoce por Garduña. Uno de los ancestros de nuestra Mano Negra podría ser el mismo Airón, Dios ibérico de quien hemos encontrado referencias en las aguas de un pozo de Uclés.

El mito trasciende los límites de La Mancha. Ángel del Pozo de Pablos en “La Cripta Sellada” recoge en Segovia relatos sobre este ente diabólico con forma de mano que ataca a las personas cuando están distraídas o dormidas, u orinando en el caso de los hombres. Si te toca el hombro, al girar el rostro suele arrancar los ojos del incauto.

La Mala Cosa. Aparición lúgubre y nebulosa sin formas definidas vinculada con las santas ánimas benditas. Carlos Villar Esparza recoge los siguientes testimonios de su existencia:

“Se contaba en Villamanrique de uno que estaba novio en la Torre, cuando una noche regresaba con la bicicleta de ver a la novia, a la altura del Estrecho se le cruzó un gorrinete. Él apeándose de la bicicleta salió detrás de él, adentrándose en el campo, cuando ya iba a alcanzarlo, el gorrinete se transformó en una “cosa mala” y se asustó y salió huyendo”. Otro testimonio del mismo entrevistado atestigua: “íbamos al campo y vimos venir a un hombre a caballo, que desde lejos, parece tenía buen aspecto, sin embargo cuando se acercaba vimos cómo sus trazas no eran como creíamos, sino que era viejo, feo, remendaote. Cuando nos cruzamos, y lo saludamos, el caballo del hombre empezó a dar trotecitos hacia atrás, hasta que desapareció por donde había venido”.

“A un galán de Torre de Juan Abad de regreso de festejar a su moza villorreña, a la altura de los muros de Joray, en la revuelta del camino, una fuerza glacial y brutal lo derribó de su montura. Mula y mozo huyeron despavoridos en dirección al pueblo, sin mirar atrás. Nunca se supo quién o quiénes habían descabalgado al festejador… pero muchos señalaron a la Mala Cosa. De ésta, se cree vivía en unos subterráneos que estaban bajo los muros de la torre. Del mismo modo hay quienes afirman que fue la Mano Negra que tenía su abrigadero junto a las acequias del arroyo de las Aliagas”.

“En Torre de Juan Abad, en el cerro de los Gatos, una espantable Mala Cosa se apareció a un abuelo que hizo caso omiso de las disposiciones del cura párroco de no trabajar el día de Todos los Santos. De una nube negra salió una doliente figura de vagos rasgos humanos que le recriminó con voz de ultratumba su falta de devoción”.

La Bruja Caperuja. Entraba en las casas y se llevaba a los niños que se portaban mal a su escondite en el bosque, los convertía (¿en animales?) o los cocinaba y se los comía. Presente en toda La Mancha.

La Bruja Piruja. Coco hispano. Entraba en las casas por la chimenea y se llevaba a los niños a su casa, donde se los comía; se utilizaba para que los niños se durmiesen. Presente en toda La Mancha.

La Bruja Rebruja. El poeta Tomás Segovia habla de ella en La Canción de las Brujas: “La Bruja Rebruja montada en su escoba / por todos los rincones a la vez de la alcoba / miraba y miraba / y se le caía la baba / vieja revieja rebruja mujeruca / (pero siempre está detrás de tu nuca / y nunca jamás ninguno la ha visto / ni el más listo relisto) / La Bruja golosa amarilla y flaca / con su ji, ji, ji / y su je, je, je / y su ja ja jaula / y su qué te como y que no te como / y enseña el meñique si estarás ya gordo”. Presente en toda La Mancha.

La Bruja Pirulí. También la Vieja Pirulí. Coco hispano. Aparece en La Canción de las Brujas del poeta Tomás Segovia: “La Bruja Pirulí / de día no hablaba / de noche sí / jugaba de día / de noche hacía así”.

También aparece en “La Bruja”, una canción de Vainica Doble (1970): “Mi escoba parece inquieta, / quiere salir de paseo, / es sábado y yo me veo / encerrada en la probeta. / Querido y amado cuervo, / vuela a casa de Merlín; / si no está, ve en busca luego / de mi hermana Pirulí. / ¡Ay de mí! Se me ha olvidado el conjuro / ¡Ay de mí! ¿Quién me saca de este apuro? / Ya vengo hermana a sacarte / de esa maldita probeta / Gracias a mi magia y artes / y a una infalible receta / Arsénico, ácido nítrico / Mercurio, azufre, antimonio / Con la ayuda del demonio y algún signo cabalístico / Siete pelos de dragón / Dientes de macho cabrío / Después de mezclado en frío / Se calienta en el crisol / Luego a destilar en un alambique fino / Se añade al final unas gotas de ricino / Ay, Pirulí, ¿qué me has dado / en ese frasco verdoso? / Creo te has equivocado / y bebí el filtro amoroso. / Permanezco aquí encerrada, / en mi cárcel de cristal, / para colmo de mi mal / infeliz y enamorada. / Pirulí, / dame el filtro de la muerte... / Ay de mí, / maldita sea mi suerte”. Presente en toda La Mancha.

Marauña, la Mariuña. En Castellar de Santiago, perversa entidad femenina que vivía en los pozos, con largas y disformes uñas que le servían para enganchar y arrastrar a los niños.

En otros pueblos se la conoce por Mariuña o Maruña. La informante solanera: “… cuando niña, la imaginaba como un pájaro”. Una informante de la comarca de Almadén afirma “… habita en los pozos para que no se asomen los niños... la Mariuña, me la imaginaba como una especie de pulpo”.

En Puertollano y otros pueblos del Campo de Calatrava, “... ser acuático que amenaza continuamente a las criaturas desde el fondo de las pozas y tablas”.

La Mora, la Reina Mora. Aparece como Coco en esta nana: “Duérmete niño chiquito, / antes de que venga la Mora / porque anda de casa en casa / por saber qué niño llora.” Aparece igualmente en esta nana creada por el poeta José Ángel Valente: “Que no venga la Mora, / la Mora, con dientes verdes. / Toda la noche, mi niño. / ligero, duerme. / Duerme ligero, mi niño, / que si la Mora viene, / en el sueño escondido / no podrá verte. / La Mora grande, / la Mora, con dientes verdes, / no llames a mi niño, / ni lo despiertes”.

La Gitana. Según García Lorca, es un asustaniños habitual en las nanas de Castilla. El uso de este personaje como espanto es, sin embargo, mucho más amplio, extendiéndose a toda Europa y al resto del mundo. El gitano, como figura marginal en la sociedad paya, es un blanco ideal en el que volcar el miedo colectivo. Como ejemplo de estas creencias un informante de Mestanza nos comentaba que había escuchado varias veces cuando un niño rechazaba la comida: “Si no comes, te lleva la gitana”. Y se buscaba la complicidad del que estaba alrededor. “Supongo que será porque las gitanas solían vestir de negro y llegaban a los pueblos inesperadamente”.

La Pantaruja. Informantes de la zona oeste de Ciudad Real, limítrofe con Extremadura, definen así a la Pantaruja: “… es muy maligna, actúa sobre todo durante la noche, raptando a los niños que se niegan al sueño, aunque en cualquier momento se puede invocar su presencia para llevarse a un niño travieso”, “… es característica su locura violenta”.

La Tarazaina. Este Coco de Granátula y Calzada de Calatrava, como la Trocanta, tiene su origen en una mujer-culebra que vivía en una cueva cercana al pueblo. Se decía a los niños para asustarlos que vendría a buscarlos la Tarazaina: “Yo soy la Tarazaina, / hija del rey Baltasar, / y quien me oiga cantar / no vivirá más de un día / y la noche de San Juan”.

La Camuña. En Albaladejo, espectro femenino poseedora de los mismos atributos y naturaleza que Camuñas, el Tío Camuñas.

La Tía Canaria. Tutelar femenino del que no existen datos ni constancia de sus características. Sólo se conoce la amenaza a la chiquillería rebelde con la venida de la Tía Canaria. Posible endemismo de Villanueva de los Infantes.

La Tía Chamorra. Sin función específica conocida. Hasta el momento un enigma. Es endemismo de Albaladejo.

La Pejiguera. Carlos Villar Esparza la describe así “… mujeruca proterva y aviesa. A todos envidia. A todos odia. Sus palabras corroen honras, destruyen obras. En lo antiguo con sus largas y afiladas uñas despellejaba a todo aquél que se pusiera a su alcance. En el mejor de los casos, todos o casi todos la conocen, en el peor, comete sus fechorías desde la invisibilidad”. Se afirma que también existe el macho: el Pejiguero.

La Trocanta. Enigmática “Mala Cosa” con supuesta apariencia de mujeruca siniestra, que realizaba terribles metamorfosis. Susurran que un tiempo se la vio andurrear por Almedina y Alcubillas. En Granátula de Calatrava sobrevuela los tejados en busca de quienes trasnochan la noche de San Juan.

La Guirra, la Guirla. Ha pasado a la mitología popular por su proverbial suciedad. Guirla ocasionalmente es el sinónimo con que se la cita en distintos pueblos.

La Aurora. García Lorca documenta el uso de la Aurora como asustaniños en nanas manchegas.

La Carcamora. A una informante de Puertollano le cantaban esta nana: “Duérmete niño / que llora, llora/ duérmete niño / que viene la Carcamora”.

La Ojancana. Coco de Piedrabuena. Especie de ogresa gigante usada para asustar a los niños. Tenía un solo ojo muy grande en mitad de la frente.

La Carramoña. Según C. Fernández, de Villanueva de San Carlos, es “una monstruosa araña gigante con la que me amenazaba mi abuela cuando me resistía a dormirme”.

Marcel Félix de San Andrés Sánchez

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