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19/01/2014

Los Ánades, un lugar para recordar la Batalla Olvidada

ABÁNADES ESTÁ EN LA ALCARRIA ALTA.
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Abánades es una isla de verdor en medio de La Alcarria Alta. "Una vez me dijo un cliente que tenemos el agua por castigo", empieza José María Gutiérrez Renales, uno de los propietarios del Hotel Rural Los Anades que cierra elegantemente el perímetro del casco urbano. Y así es, pero no por punición, sino más bien para el deleite de los sentidos. Para llegar hasta el pueblo, hay que hacerlo cruzando un puente, se venga de donde se venga, bien sea sobre el Tajuña, bien sobre una acequia que antes abastecía una pequeña central eléctrica.

Consecuentemente, el verde es el color predominante. Partiendo del césped del establecimiento, cuidado con mimo, no hay un lugar al que se dirija la vista en el que no haya vegetación frondosa. A finales de junio, la hortaliza sobresale ya claramente por encima de los surcos de los huertos, cuadriculados como los viejos cuadernos donde aprendimos a escribir. Los montes del pueblo son "una sierra media" que esconde una historia de lucha a muerte. El incesante piar de los vencejos completa la fotografía de una tarde cualquiera de primavera en un lugar al que se le adivinan noches frescas, de excitante olor a polen, en verano y frío, de nieve, en invierno.

En los cerros que circundan Abánades, hoy inmejorables atalayas para la fotografía, los ejércitos Nacional y Republicano combatieron encarnizadamente por el dominio de estas tierras altas de la provincia de Guadalajara durante la Guerra Civil. Pese al elevadísimo número de bajas, más de 7.000 entre ambos bandos, por diferentes circunstancias históricas, que ahora poco a poco van desenterrando los arqueólogos, parece como si la Batalla de Abánades no hubiera existido nunca, cuando "no es eso lo que cuentan nuestros mayores", explica José María. Los más viejos del lugar, primeros partidarios de traer al presente aquellos días, recuerdan cómo tuvieron que abandonar el pueblo por dos veces, en un primer lapso de tres meses, durante la primavera de 1938, y en un segundo de casi un año en el final de la contienda. "Al regresar, a comienzos del 39, sus primeras dos tareas fueron recuperar las ventanas y las puertas de las casas que fortalecieron las trincheras y defensas en torno al pueblo, y enterrar a los cientos de cadáveres que yacían insepultos en los campos", afirma Gutiérrez.

Hace cuatro años el interés de los lugareños se vio abonado por los primeros trabajos arqueológicos que dirigió sobre el terreno Alfredo González Ruibal. En la misma época surgió la Asociación de Amigos de los Espacios Históricos de Abánades y se inició la construcción del Museo Histórico, cuyos fondos se nutren de los numerosos hallazgos encontrados por el equipo de González Ruibal. Hoy, la crisis ha puesto en jaque la continuidad de las excavaciones, pero los abanadeses no se dan por vencido. Impulsado por la Asociación, se ha iniciado un proyecto de crowdfunding, que más o menos quiere decir aquello de "a escote no hay pegote", para continuar lo empezado.

Y ese mismo interés ha hecho que, siempre de la mano de la historia y huyendo de la política, el pueblo haya colocado por fin en el mapa histórico de la contienda la rebautizada como "Batalla Olvidada". "Desde hace unos años, en septiembre se organizan unas jornadas de puertas abiertas de arqueología, en las que el equipo de Alfredo pone en común sus hallazgos con el pueblo. Asimismo, el primer fin de semana de junio convocamos un fin de semana histórico y cultural, para subrayar aquellos años del final de la Guerra", prosigue José María.

Hace un tiempo, coincidiendo con el 75º aniversario de la Batalla, se recrearon, por primera vez, algunos de los hechos bélicos acontecidos sobre las defensas fortificadas de Abánades. Participaron diez asociaciones de toda España y cerca de cien personas, "entre las que también hubo vecinos del pueblo", jugando en la ficción el mismo papel de refugiados que se vieron obligados a asumir sus abuelos. "No es sólo un espectáculo visual. Está basada en los hechos históricos", asevera el hostelero. De la mano de este espíritu reivindicativo, llegaron también exposiciones, como la de los diarios originales del músico republicano Buenaventura Leris que pasó unos días en las trincheras de Abánades. Su hijo cedió generosamente los documentos en depósito durante un año para su exposición en el Museo. Hoy, una réplica permanente engrosa los fondos históricos. También hubo conciertos y ciclos de conferencias.

El Museo, las trincheras y fortificaciones en la mayor parte de los altozanos del lugar que esconden entre sus muros perfectamente conservados la angustia que vivieron quienes se vieron obligados a patearlos hasta la muerte, son visita obligada para quienes se acerquen a Abánades. Como también lo es el coqueto Parque del Agua, construido con la ayuda de ADEL en el año 2005. La obra se llevó el premio al mejor proyecto del año en el año 2006.

El Abánades actual tiene 70 habitantes, principalmente jubilados. Es un pueblo de segunda residencia, muy querido por los lugareños. Basta con comprobar las hechuras de las casas. El Hotel Rural Los Anades, que se llama así en referencia a una de las aves emblemáticas del lugar que todavía tiene allí su sitio, aporta su granito de arena a la actividad diaria. Tranquilidad, naturaleza, historia aún por descubrir y descanso de pueblo, a un paso de Madrid, son las ventajas competitivas del pueblo. "Si quieres, puedes dar un paseo de horas, sin encontrarte con nadie", dice José María. La principal desventaja, las telecomunicaciones. "Tenemos buena cobertura de voz, pero solo con un operador. Los datos, son otra cosa. Y para consolidar población en el medio rural, Internet es hoy imprescindible", opina el empresario.

"LOS ÁNADES"

El Hotel "Los Ánades" cuyos promotores, además de ser mayoritariamente "hijos del pueblo", comparten esta nueva actividad con la venta de productos frescos gourmet en Madrid, nace de una ilusión. Iba a ser una casa rural al uso, pero "lo pensamos mejor y apostamos por la calidad y por el servicio como pilares del negocio". José María cree en el turismo rural, sobre todo si la oferta está cerca de una gran urbe como Madrid, "donde hay siete millones de cabreados que necesitan salir de la urbe". Pero desde hace ya un tiempo, el cliente requiere "un valor añadido", algo más que "darle las llaves el viernes y recogérselas el domingo". Con esta filosofía de atención al detalle comenzaron las obras en el año 2007. Concluyeron en 2010, ya en plena crisis.

El complejo cuenta con dos edificios que tienen curiosamente, el mismo número de habitaciones: siete. Los alojamientos del principal son para parejas. Ese inmueble también acoge los principales servicios del Hotel como la biblioteca, el salón de juegos, el gimnasio o el restaurante "El Ánade Real", abierto al público. En el segundo los espacios son mayores, pensados para albergar a familias, que no encuentran allí las estrecheces de otros lugares. El SPA, de uso privado, es la estrella del establecimiento. Propone un circuito íntimo de 90 minutos "con quien tú quieras estar". Un campo de minigolf, bicicletas para iniciar el paseo hacia lo desconocido, rutas de senderismo indicadas, ...
Para completar la oferta de "Espacios Rurales de Calidad", en el 2012 se inauguraron 3 casas rurales de 4 habitaciones cada una.

La cocina de "El Ánade Real" tiene una carta no muy extensa, pero sí de calidad. Está basada en los fogones tradicionales abanadeses, con una selección de materias primas muy cuidada. "Nos autoabastecemos con productos de nuestra empresa, y de la tierra". Los asados de nuestro horno de leña, el morteruelo, los escabechados, las setas y hongos de temporada, incluida la trufa, son las especialidades gastronómicas.


ARQUEOLOGIA DE LA BATALLA OLVIDADA

Por Alfredo González Ruibal

En el mes de abril de 1938 tuvo lugar una batalla en la provincia de Guadalajara de la que apenas ha quedado testimonio en los libros de historia. El olvido se explica porque no tuvo efecto real en el transcurso del conflicto: desde un punto de visto estratégico, fue apenas una maniobra de diversión fallida dentro de la Ofensiva de Aragón, que sí cambió el curso de la guerra (en contra de los republicanos).

Entre el año 2010 y 2012 un equipo de arqueólogos del Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC estudiamos los restos materiales de la guerra en el municipio de Abánades, de uno y otro bando, de antes y de después de la Ofensiva del Alto Tajuña. Nuestro objetivo era comprender mejor la experiencia de la guerra en un frente olvidado: recuperar historias a partir de los objetos abandonados y de las ruinas. Para un arqueólogo, los vestigios de una batalla olvidada no son menos importantes que los de una decisiva. Los dos nos hablan de la vida de personas anónimas en circunstancias extremas. La iniciativa se encuadraba dentro de un proyecto general sobre arqueología de la Guerra Civil Española y de la dictadura, financiado por el CSIC y el Ministerio de Cultura de Noruega, que nos llevó desde las trincheras de la Ciudad Universitaria en Madrid hasta el Ebro y de los campos de batalla a los de concentración.

En Abánades excavamos una variedad de posiciones. Cronológicamente, la más antigua es la base republicana de Alto del Molino, ocupada entre enero y marzo de 1938, es decir, inmediatamente antes de la ofensiva del Alto Tajuña. En este lugar excavamos el interior de una paridera, con su trinchera de acceso, un refugio y un basurero. Los hallazgos fueron numerosos y reflejan un ejército todavía bien armado y alimentado. Los hallazgos más llamativos fueron dos insignias con el escudo de Cataluña—la procedencia de los soldados que defendían el lugar—y una chapa de identificación, objeto muy poco habitual en las trincheras republicanas. Los restos hablan elocuentemente de la vida militar en el duro invierno alcarreño: aparecieron multitud de fragmentos de medicinas, entre los que sobresalen botellas de Urodonal (contra la artritis); botellas de coñac y otras bebidas alcohólicas (para entrar en calor y espantar el miedo); una liendrera (para librarse de los piojos, el peor enemigo de los soldados). El descubrimiento más sorprendente es un frasquito de perfume de mujer, quizá el recuerdo de una esposa o novia.

De la ofensiva de abril documentamos varios sitios (parideras, trincheras y fortines), en los que apareció numerosa munición disparada, metralla de artillería, restos de proyectiles de mortero y granadas, que revelan la intensidad de los combates. Sin duda, el sitio más impresionante de todos es la Enebrá Socarrá. Aquí un grupo de soldados franquistas resistieron el embate republicano armados con fusiles, pistolas, granadas y un mortero hasta que fueron exterminados por el fuego de la artillería y de los tanques T-26. Trazas de todo ello aparecieron durante nuestros trabajos, incluidos los cadáveres de cinco soldados, muy jóvenes y con heridas (algunas espantosas) producidas por las explosiones. Entre los restos de la masacre localizamos objetos personales: una medalla del Cristo de Limpias (Cantabria), otra del Papa Pío XI, un mechero, unos gemelos, una chapa de identificación de un falangista de Valladolid... En este contexto, el trabajo arqueológico no es solo una ciencia, sino también una labor social: no se trata de recuperar huesos, sino vidas, las de unas personas condenadas a una muerte terrible y al olvido. Las exhumaciones acabarán con el reentierro digno de los cadáveres. Y si hay suerte, quizá con la individualización de los restos.

La ofensiva apenas supuso cambios territoriales. Como en la Primera Guerra Mundial, a una batalla sin consecuencias siguió la reconstrucción y fijación del frente: nuevas trincheras, nuevos fortines y caminos militares. De todas las posiciones erigidas tras el fin de la ofensiva de primavera, la mejor conservada es la del Castillo, el cerro que se alza junto al pueblo de Abánades. Aquí se pueden observar defensas en piedra y cemento construidas por el ejército sublevado a finales de 1938 y muy bien conservadas. Nuestras excavaciones sacaron a la luz abundantes materiales, que nos hablan de un ejército bien pertrechado y bien alimentado, incluso en los últimos días de la guerra. Una situación bien diferente a la que encontramos en las depauperadas líneas republicanas, donde se recicla todo (casquillos, latas). El hallazgo estrella del Castillo fue un casco italiano de la Primera Guerra Mundial, traído por las tropas de Mussolini que combatieron en Guadalajara.

Pero más extraño es un conjunto de tazas de café, sin duda robadas en Abánades, que apareció en una trinchera cubierta que daba a las líneas republicanas, situadas a muy corta distancia. Los soldados de Franco no debían de temer mucho el fuego enemigo a estas alturas: de hecho, no aparecieron restos de metralla ni balas entrantes. Sí, en cambio, numerosa munición disparada contra los republicanos: una relación desigual que preludiaba ya, el resultado de la guerra.

MUSEO HISTÓRICO

Por Ismael Gallego. Presidente de la Asociación de Amigos de los Espacios Históricos de Abanades.

El Museo Histórico Municipal, tal y como lo conocemos actualmente, nace como consecuencia de las primeras excavaciones llevadas a cabo por Alfredo González Ruibal en septiembre de 2010, así como del impacto e interés que despertaron las mismas, no solo entre la comunidad científica, sino entre los vecinos de Abánades y su comarca.

En un principio, el Museo (antigua escuela y fragua rehabilitadas) iba a ser etnográfico, pero después de dichas excavaciones, los vecinos empezaron a darle valor a aquellos restos arqueológicos, objetos y recuerdos de la guerra, todos ellos relacionados con la vida cotidiana, que conservaban en sus casas, talleres y desvanes. Incluso a algunos de ellos se les daba uso: una caja de munición era utilizada como caja de herramientas o un casco checoslovaco como bebedero para las gallinas.

Gracias al Ayuntamiento de Abánades y a la Diputación de Guadalajara concluyeron las obras de rehabilitación. Se acondicionó el local para albergar los cientos de piezas que los lugareños fueron donando poco a poco. El Museo se inauguró en mayo de 2011. El Ayuntamiento de Abánades delegó en la recién creada Asociación de Amigos de los Espacios Históricos de Abánades la gestión de dicho Museo y las actividades relacionadas con el mismo.

Debido al éxito que tuvieron las primeras jornadas de puertas abiertas de las excavaciones del CSIC –en las que también participó la Asociación de Recreación Histórica Frente de Madrid 1936-1939, dando vida a una trinchera– surge un interés, necesidad y colaboración mutua entre Ayuntamiento, arqueólogos, recreadores y Asociación (Museo) para programar, como mínimo, dos actividades culturales de calado a lo largo del año. Una en septiembre, con motivo de las excavaciones arqueológicas, y otra en junio, denominada "La Batalla Olvidada". Ambas con el objetivo de promocionar histórica y culturalmente la comarca del Alto Tajuña.

En el Museo Histórico Municipal de Abánades, además de la exposición permanente, han tenido lugar dos exposiciones temporales, tres muestras de cortometrajes y documentales y ocho conferencias de interés. La Asociación de Amigos de los Espacios Históricos de Abánades, con la ayuda de instituciones, empresas y particulares ha promovido y facilitado las excavaciones del CSIC y las jornadas de junio, enriqueciendo ambas año tras año como se ha podido vivir en el último Café Cantante celebrado el pasado mes de junio.

En concreto, con las excavaciones arqueológicas del CSIC hemos buscado todos los apoyos necesarios y fuentes de financiación que la imaginación nos ha permitido: venta de lotería, camisetas o llaveros, así como colaboraciones como la conseguida el año pasado con los chicos y chicas del Centro de Inserción Social Melchor Rodríguez de Alcalá-Meco. Una colaboración importantísima que enriqueció a todos los que participamos en ella.

Nuestro objetivo a medio plazo sería recibir las ayudas necesarias para acondicionar el museo con el objetivo de formar parte de la Red de Museos de la Comunidad de Castilla-La Mancha y poder acoger todo tipo de exposiciones itinerantes relacionadas con la Guerra Civil Española y la Posguerra, así como alguno de los objetos hallados en las tres campañas arqueológicas llevadas a cabo en el término municipal por Alfredo González Ruibal, hoy en el Museo Arqueológico de Guadalajara. Sería una gran satisfacción y aliciente para todos aquellos amantes de la Historia y de Abánades que desinteresadamente trabajamos en dicha Asociación.


Viñeta del 20/01/2017

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